BALOTAJE EN PERÚ: DOS CARAS DE UN MISMO MODELO

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Por Martín Paolucci, Periodista y miembro del CAEG

Hoy se salda en Perú la Segunda Vuelta de las elecciones presidenciales. Pero para hacer un análisis al respecto hay que contextualizar e ir algunos años atrás.

Hace casi 26 años, el 8 de agosto de 1990, la República del Perú inauguró la que hasta ahora ha sido su política de Estado más duradera: Un modelo económico neoliberal de mínima regulación estatal.

Privatizaciones, desregulación total, flexibilización laboral y salarios de los más bajos de la región (“competitivos” según la jerga de las elites financieras), tarifas casi nulas a las importaciones, retenciones mínimas en exportaciones y extracciones mineras (su principal ingreso), etc.

Estas medidas, que acompañan la excesiva informalidad que ha caracterizado a los trabajadores peruanos desde hace décadas, un 70% de trabajo en negro es el fijo según el instituto de estadísticas del Ministerio de Trabajo nacional, han logrado lo que muchos economistas y periodistas conservadores denominan “el milagro peruano”. Un “milagro” basado en la extracción de plata y oro (lo mismo que se hacía en la época del Virreinato del Alto Perú) que ha llevado a un alto crecimiento macroeconómico y a una nula inflación, mal que otrora había aterrorizado a los peruanos. Un “milagro” que pese a tener un cuarto de siglo en funcionamiento convive con la realidad de las provincias del Sur andino y las barriadas metropolitanas (Pobladas en su mayoría por indígenas y negros). Ayacucho, Cajamarca y Huancavelica tienen casi el 60% de su población bajo la línea de pobreza. Datos similares se observan en barrios limeños como “Villa El Salvador”.

Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori, los dos contendientes, no sólo no cuestionan en ningún aspecto este modelo. Provienen, por historia personal, de sus frutos. Y pese a todo, las palabras “cambio” y “lucha contra la pobreza” abundan en sus discursos.

Kuczynski, de 78 años, e hijo de un científico polaco-alemán escapado del nazismo, es un prestigioso economista con nacionalidad norteamericana que ingresó a la política en la década del ’60 luego de trabajar como ejecutivo de distintas compañías petroleras y mineras multinacionales. Su apuesta era la derecha institucionalista de Fernando Belaúnde Terry, un presidente que fue derrocado en 1968 por militares nacionalistas que lo acusaban, entre otras cosas, de permitir la entrada de la petrolera norteamericana Standard Oil a cambio de sobornos. Uno de los funcionarios señalados en esto, sin ninguna evidencia judicial claro está, fue Kuczynski, quién venía de trabajar en ese sector. Luego del Golpe este se refugió en Estados Unidos y continuó su carrera en el sector privado.

El regreso a la presidencia de Belaúnde Terry luego del regreso a la democracia formal en 1980, vino con un regalo para Kuczynski, lo nombró Ministro de Energía y Minas. Este impulsó desde su cargo la denominada Ley Kuczynski, la que ampliaba los permisos de explotación para empresas petroleras extranjeras, y además les concedía extensiones impositivas (Perú tenía por esos años un monopolio estatal del petróleo, herencia de la nacionalización emprendida por el gobierno de Velasco Alvarado, el militar que derrocó a Belaúnde Terry). La Ley Kuczynski fue tan impopular en un país en donde el nacionalismo seguía siendo fuerte, que en 1985 debió ser derogada y en 1986 Kuczynski volvía a su trabajo habitual, ser ejecutivo de multinacionales extractivistas.

Su última incursión en la administración estatal fue del 2001 al 2006, como Ministro de Economía y luego Primer Ministro del gobierno de Alejandro Toledo, sucesor de la dictadura pseudo democrática de Alberto Fujimori, padre de Keiko, la otra contendiente del balotaje.

En la administración Toledo, Kuczynski impulsó desde el Ministerio de Economía leyes que favorecieron, una vez más, a empresas energéticas multinacionales. Pero la privatización de la energía en Arequipa llevó a protestas tan masivas que debió renunciar al cargo. Fue como Primer Ministro en sus negociaciones con el Fondo Monetario (que ayudó con generosos préstamos al Perú) y con el gobierno de Bush, con el que planeó la firma de un tratado de Libre Comercio, que tuvo más éxito. Éxito macroeconómico que no le sirvió a la hora de presentarse de candidato a Presidente. Quedó afuera en 2011. Al parecer hoy, a sus 78 años, sería su último intento.

Keiko Fujimori, a diferencia del pálido y portador de gruesos anteojos Kuczynski, es una política nata. Simpática, de sonrisa permanente y portadora de un charme oriental que se mimetiza cómodamente con la cosmovisión andina, es la representante de una derecha populista que asusta a gran parte del espectro político peruano debido a que representa a los seguidores de su padre, un presidente democrático que mutó en dictador y cuyo gobierno cometió graves actos de corrupción y, peor aún, indiscriminadas violaciones a los derechos humanos. Su gran popularidad entre las pauperizadas masas urbanas y rurales del Centro y Norte del país (en el sector más pobre del país, el Sur Andino, la candidata más votada fue Veronika Mendoza, exponente de la nueva izquierda peruana que no llegó al balotaje por poco, quedando detrás de Kuczynski) no quita el hecho de que fue la Primera Dama (luego del divorcio y posterior persecución hacia su madre) del gobierno que inventó el neoliberalismo allá peruana. El gobierno de Alberto Fujimori.

Fujimori padre, cuyos ex ministros y colaboradores hoy acompañan entusiasmados la posibilidad del ascenso de Keiko poder, es un ingeniero agrónomo de origen japonés que ganó las elecciones de 1990 prometiendo combatir la hiperinflación a través de un gobierno honesto, eficiente y sin ajuste económico. Menos de un mes después de asumir rompió su promesa y lanzó el llamado “Fujishock”, un brutal programa de liberalización económica, privatizaciones y congelamiento de salarios que pese a destruir millones de puestos de trabajo en la pequeña industria consiguió la estabilidad económica que dió origen al así llamado “milagro peruano”. Esto de la mano de un “Autogolpe” de estado en 1992 donde cerró el Congreso, años de violaciones a los derechos humanos en el marco de la lucha contra el grupo maoísta “Sendero Luminoso” y escándalos de corrupción junto a un oscuro abogado y servicio de Inteligencia, Vladimir Montesinos. Escándalos que se comprobaron a través de una filtración de filmaciones de sobornos a políticos y empresarios y que culminó con la renuncia por Fax de Fujimori desde Japón, quién acaba de ganar su re-reelección a través de elecciones amañadas en el año 2000. Elecciones que pese a las irregularidades ampliamente demostradas indicaban que Fujimori seguía siendo altamente popular en su país.

El rol de Keiko en el gobierno de su padre fue de Primera Dama, luego de que este se divorciara y persiguiera a través de los servicios secretos a su madre, Susana Higuchi. Su temple luego de la caída en desgracia de Alberto le otorgó una gran popularidad entre el pueblo “fujimorista”, y fue, luego de la detención y condena a prisión perpetua de su padre luego de su regreso al Perú que la llevaron a ser la referente indiscutida del Fujimorismo. Una referente que debido a la falta de respuestas que los gobiernos del 2000 hacia acá han tenido hacia las mayorías populares puede regresar de la mano de su propuesta de mano dura y eficacia económica. Con planes como, por ejemplo, autorizar la minería informal, que no es más que la autorización a caudillos locales del interior a continuar con la explotación de minas que se encuentran en su mayoría cercanas a poblaciones indígenas, las que padecen condiciones de explotación laboral y contaminación. Fenómeno denunciado por sindicatos y ONGs tanto nacionales como internacionales.

Es en estos términos que aparecen las diferencias entre Kuczynski y Fujimori. Minería trasnacional para Kuczynski y Minería trasnacional, e informal, para Fujimori. Dos caras de un mismo modelo económico y social. Una política de Estado desde 1990.

Publicado originalmente en LA IZQUIERDA DIARIO

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