CHARLIE HEBDO Y LAS AVENTURAS DE LA DOXA

Charlie Hebdo y las aventuras de la doxa

Publicado originalmente en febrero de 2015 en https://issuu.com/acontecermundial/docs/16_-_ram_enero

Por GERMÁN PALKOWSKI (Politólogo e historiador, colaborador del CAEG)

“El arma de la crítica no puede soportar evidentemente la crítica de las armas; la fuerza material debe ser superada por la fuerza material; pero también la teoría llega a ser fuerza material apenas se enseñorea de las masas…”

 (“Introducción a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel”; K. Marx. 1844)

A partir del atentado contra los dibujantes del periódico francés Charlie Hebdo el pasado 7 de enero, una maratón de periodistas especializados (y de los otros), analistas expertos y hasta “el hombre de a pie” se ha puesto en marcha. Condenar la acción, en términos “humanitarios”, ha sido el basamento común de la mayoría de los discursos circulantes; también, un acto reflejo. Casi una obligación.

El problema viene cuando es necesario ampliar el enfoque. Incluir elementos que permitan caracterizar un hecho coyuntural (fotografía) dentro de una generalidad más vasta, que lo contiene y le da sentido (una película). Ahí es cuando la vertiginosidad propia de la época -que pareciera exigir una toma de posición constante- conspira contra el ejercicio reflexivo y la posibilidad de sopesar la infinidad de elementos que se entrelazan en la trama.

Quien esto escribe advierte que, salvo excepciones, lo antedicho constituye una generalidad. Pero tampoco se pretende exento de las pulsiones propias de la época y, por ende, se propone aportar a un ejercicio de análisis crítico, que permita, si no comprender el fenómeno en toda su extensión[1], sí señalar algunas de sus implicancias salientes.

La atenta lectura de los diversos pronunciamientos y análisis nos coloca en la necesidad de señalar, en principio, algunas imprecisiones y yerros analítico-discursivos –que, por lo tanto, comportan un sentido determinado. Concomitantemente, resulta de especial interés aportar al debate político-ideológico que subyace a las consideraciones suscitadas a partir de los sucesos de París. Poner en tensión sus fundamentos últimos; aunque más no sea, de manera indicativa. Por último, se sobreentiende que sólo con referencia a un contexto histórico concreto puede ensayarse un ejercicio de esta índole. Máxime considerando factible que el hecho en particular traiga aparejadas algunas redefiniciones geopolíticas generales, suscitando cambios políticos, culturales, etc.

Subjetividades, ideologías…guerra

  1. Nosotros

El tenor del discurso que el presidente Hollande pronunciara inmediatamente después de registrados los hechos puede fungir como un puntapié inicial para el derrotero propuesto. Un análisis de lo eminentemente político de sus palabras puede ser desmenuzado bajo el prisma de trabajos críticos de la razón iluminista y el “pensamiento occidental” liberal-burgués. Tal el caso de “Historia y conciencia de Clase” (G. Lukács; 1923) y “Dialéctica del Iluminismo” (T. Adorno-M. Horkheimer; 1944).

Las operaciones de sentido vertidas en el aludido discurso, evocando la “unidad de Francia y los valores de la República” contra la “amenaza irracional y la barbarie terrorista”, bien pueden leerse desde la crítica propuesta en las obras citadas. Asimismo, las repercusiones en torno a la consigna “Je suis Charlie”, tan marketinera como inexacta. Sin obviar los debates concitados en torno a la libertad de expresión.

Concretamente, en el “paquete” mencionado –el discurso de Hollande, la consigna “Je suis Charlie” y las diatribas en torno a las libertades democrático-burguesas– se encuentran condensados y en tensión puntos nodales de la tradición de pensamiento liberal-burgués occidental.

Siguiendo algunas de las líneas centrales de las obras referidas, encontramos lo siguiente: en primer término, la externalización/extrañamiento y rechazo de los ataques como fatalidad externa –anomalía– que se abate sobre el corpus pretendidamente “normal/sano” de La France, con sus valores y su legado humanista-universalista (liberté, egalité, fraternité). El señalamiento de un “ellos y nosotros” es necesario e inevitable en cualquier operación de sentido en clave política. Lo cual choca de frente, precisamente, con el slogan evocado y la tradición universalista reivindicada. Lejos de constituir una novedad, este anverso es una constante en el desarrollo histórico de aquella tradición de pensamiento. Una antinomia de la razón advertida por sus más lúcidos exponentes clásicos (Kant, Rousseau) y que se continúa a lo largo de la historia, en sentido práctico.

Revolución Francesa

Sin ir más lejos, el devenir mismo de la Revolución Francesa y su expansión montada sobre la caballería de Napoleón en la constitución del Imperio –circunstancia bellamente descripta por Hegel en algún pasaje- ilustran de manera notable a qué se intenta aludir. Y es que, en principio, la legitimidad política consagrada en la evocación de la Razón contra el Oscurantismo nace preñada de su propio cuestionamiento ulterior, por cuanto es la misma Razón la que otorga las armas para el cuestionamiento/superación de la forma democrático-burguesa de dominación política.[2] Esta tensión ha sido constante a lo largo de la Modernidad. En el caso de Francia, resultan ilustrativos tanto el colaboracionismo con los nazis en el marco de la República de Vichy como las guerras de descolonialización; con Argelia como punto saliente, con todo su caudal de violencia y su notable aporte a la “guerra antisubversiva” a nivel mundial[3]. Reflexiones de este tenor podemos encontrar en prácticamente todo el análisis propuesto por Adorno y Horkheimer.

En cuanto al recurso a señalar a la fatalidad como “venida desde fuera”, Lukács analiza los pormenores de esta recurrente operación de sentido en la obra referida. Concretamente, al abordar la incapacidad lógica del pensamiento liberal-burgués para analizar y mensurar las recurrentes crisis económicas del capitalismo como parte intrínseca de su funcionamiento “normal”. Cuando, en estricta correspondencia con el modus operandi de esos mismos patrones de conducta “normales” –oferta y demanda, “mano invisible del mercado”, etc.- la crisis finalmente sobreviene, el modelo de pensamiento típico de la economía política burguesa no puede dar cuenta de que la crisis se halla contenida en sus propias premisas.

En el caso que nos ocupa, entonces, el presidente francés –y “todo Occidente” detrás de sí- se arropa en las banderas “humanistas” de nuestra tradición de pensamiento, barriendo bajo la alfombra tanto las intervenciones bélicas que las tropas a su mando protagonizan bajo la bandera de la OTAN en Medio Oriente[4] y omitiendo mencionar que los jóvenes islamistas autores de la masacre eran franceses de nacimiento… descendientes de argelinos[5]. Los clivajes y grietas sobre los que se monta la ideología jihadista son, en definitiva, propios del corpus ético hegemónico en la sociedad francesa que él mismo gobierna. Días más tarde, Hollande adhirió a esta última interpretación[6]. El eco de sus palabras fue, sin embargo, más tenue esta vez.

Similares operaciones, subsidiarias de lo antedicho, pueden entreverse con respecto al “Je suis Charlie” y los debates en torno a la libertad de expresión. Muy livianamente –de nuevo, acorde a la época- millones de personas hiperconectadas supieron por primera vez de la existencia del semanario satírico en cuestión. Las redes sociales y la empatía que naturalmente suscitan las víctimas de ataques brutales hicieron el resto. Millones se embanderaron detrás de la irreverente publicación. Al poco tiempo, seguramente algún otro hashtag distrajo su atención, y la acción política como tal –si es que algo de eso hubo contenido allí- se difuminó sin más, devolviendo la vida a su cauce corriente, cotidiano…privado. Burgués. Apenas unos días después de los sucesos de París, otra organización jihadista, Boko Haram, masacró a miles de pobladores en Nigeria. Como era de esperarse, #Je suis Nigeria no fue trending topic.[7]

Con esto se quiere señalar que, más allá de la intencionalidad de quienes lanzaron la consigna, a efectos prácticos y al final de la jornada, lo que termina por prevalecer es la inoculación de nociones tales como “el choque de civilizaciones” y la presunta amenaza de una otredad islámica que niega radicalmente la existencia de Occidente. Si los 1,5 billones de musulmanes que pueblan el orbe pensaran como los islamistas radicales, su proceder bélico sería, seguramente, de otro tenor. Cabe recordar que las principales víctimas del extremismo radical islámico son, precisamente, musulmanes que viven en esos “oscuros rincones del mundo” (George W. Bush dixit).

Con respecto a los debates suscitados en torno a la libertad de expresión, es dable señalar que la misma es, por definición, relacional; es decir, relativa y siempre con respecto a… La remanida frase “la libertad de uno empieza donde termina la del otro” es una máxima del pensamiento liberal-burgués. Este principio, consagratorio de la vida (y la propiedad) privada y que alude a la concepción de “libertad negativa” (nuevamente, Kant; Cfr. “Fundamentación de la metafísica de las costumbres”; 1785) impregna toda la construcción político-ideológica que de la misma resulta. La polémica no ha sido nada desdeñable. Sí superficial.

Sugestivamente, nada se ha dicho sobre su origen: la oposición y resistencia frente a la vigilancia y censura de las monarquías decadentes de los siglos XVII y XVIII.  El límite de la libertad de expresión es, ha sido siempre, el mismo. Su supresión violenta, material, concreta. La muerte es un hecho objetivo, irreversible. Por definición, la libertad de expresión nunca ha sido –no puede ser- absoluta. A lo largo de los siglos, se ha derramado sangre en su nombre. Recuérdese, sin ir más lejos, la célebre “carta abierta” de Rodolfo Walsh a la junta militar argentina –cuyos cuadros más aviesos fueron entrenados por agentes franceses. Queda entonces planteado un interrogante: ¿son los Estados-nación modernos garantes o limitantes estructurales de la libertad de expresión? En los últimos 13 años, en México han sido asesinados más de 80 periodistas, y más de 20 han sido desaparecidos. Notable, sobre todo cuando las hilachas de la connivencia entre el narcotráfico y el aparato del Estado son cada vez más visibles a raíz de los sucesos de Ayotzinapa[9].

Un concepto, una idea que se separa de sus condiciones materiales de existencia, es un fetiche. No flotan como fantasmagorías suspendidas en el aire. Cabe aquí la referencia al trabajo de Adorno y Horkheimer, en el cual señalan como rasgo definitorio de la “evolución” hacia el fascismo del pensamiento liberal-burgués esa tendencia a “absolutizar” nociones que son, por definición, relativas. Relatividad que les es conferida, precisamente, por sus condiciones materiales de existencia. Las cuales son susceptibles de modificarse; contingentes, variables. Con todo, la discusión en torno a este particular ha sido instalada con tal liviandad que pareciera que la libertad de expresión fuera algo inscripto en el mismísimo genoma humano.

  1. Ellos (y nosotros)

“I’m at peace with my lust 
I can kill ‘cause in God I trust yeah
It’s evolution baby”

(Fragmento de “Do the evolution”; Yield. Pearl Jam; 1998)

En un registro similar intentaremos abordar la emergencia del islamismo radical moderno. Evidentemente, no se puede acometer aquí un minucioso análisis de sus raíces históricas y las –importantes- diferencias que separan a unos movimientos e interpretaciones de otros. Partiremos entonces de otra paradoja: esta historia empieza, precisamente, en el Fin de la Historia.

A finales de los años 80 del siglo XX, la guerra de Afganistán precipitó la implosión de la URSS y el “socialismo real”. Fue entonces que la célebre obra de Fukuyama explotó como moda intelectual, extendiendo su influencia mucho más allá de los confines del pensamiento típicamente liberal.

En aquella oportunidad los guerreros muyahidines, apoyados y pertrechados por EE.UU. y la OTAN[10], combatieron exitosamente a los infieles comunistas… para continuar haciendo lo propio a la postre, esta vez, contra los infieles occidentales, de signo ideológico contrario. De esa experiencia surgen la tiranía talibán en Afganistán, que asociada con el movimiento salafí de origen saudita Al Qaeda prohijó un régimen de terror que, a su vez, proyectó una guerra prolongada y global contra EE.UU. y sus aliados. Su doctrina contaba con una base ideológica fuerte, anclada en las fatwas (exhortaciones) de clérigos radicales sunnitas que predicaban y predican aún en diversas mezquitas y madrasas (escuelas religiosas) en los más diversos lugares. También en Occidente. Numerosas interpretaciones doctrinarias hay al respecto; en ese sentido, el Corán no es unívoco. Quien quiera encontrar alusiones a la violencia y la guerra en el Corán, las encontrará sin dudas. Y lo mismo para el caso de las otras religiones monoteístas (cristianismo, judaísmo) y sus respectivos libros sagrados. Es necesario reiterar que estas interpretaciones son expresiones minoritarias y profundamente sectarias; análogas a otras, propias del judaísmo y el cristianismo.

Huelga reiterar que la base material de esa prédica es la corriente frustración de millones de habitantes desplazados por la guerra y el hambre, que alimenta el recelo y el resentimiento que despierta la ostentación de los jeques y señores de la guerra, tan corruptos como devotos, y que la doctrina señala como apóstatas –junto a los chiítas, otras minorías islámicas y los regímenes “laicos” del mundo árabe-. Es así que existe el “enemigo próximo” (los apóstatas) y el “enemigo lejano” (los infieles; Occidente). Como es evidente, las operaciones de sentido no son potestad unívoca de la “civilización occidental”.

Andando en el tiempo –y reduciendo la exposición-, los sucesivos embates de la “guerra global contra el terrorismo” en la región (Afganistán, Irak, Libia, Siria; nuevamente Irak) no hicieron más que remover el fermento ideológico que acompaña y apuntala las acciones de resistencia y guerra irregular, una vez ahogado en sangre el efímero reverdecer de cierto panarabismo laico que impulsaba a la denominada Primavera Árabe[11].

En ese marco es que se da la emergencia del grupo conocido como Estado Islámico (EI), escisión de Al Qaeda. Su principal punto de desencuentro es, precisamente, doctrinario: Al Qaeda prioriza el combate y hostigamiento al “enemigo lejano”; EI apunta sus cañones contra el “enemigo cercano”. Esto agudiza las contradicciones inter-sectarias en la región y el recrudecimiento de la violencia[12]. A pesar de sus diferencias tácticas, ambos grupos observan elementos estratégicos comunes, que interpelan en forma aguda al Occidente liberal-burgués que, impávido, recae en imprecisiones a la hora de caracterizar al enemigo. Veamos.

En primer lugar, la visión paternalista –etnocentrista- que se proyecta sobre la emergencia de la amenaza jihadista parte de una deliberada omisión, al considerar el fanatismo como una suerte de “medievalismo” irracional. La realidad concreta desmiente estas apreciaciones, toda vez que se evidencia un racionalismo medios-fines, típicamente occidental, en la propaganda, las acciones y modos de reclutamiento. Tanto las truculentas ejecuciones filmadas en riguroso HD y la hábil utilización de las redes sociales por parte de, fundamentalmente, EI, abrevan en una estrategia que no solamente desmiente la imagen del reaccionario ultramontano que impugna in toto a Occidente, si no que da cuenta de una comprensión fina, capilar, de lo que “vende” en las modernas sociedades occidentales. La violencia extrema causa pavor y repulsión… también fascina.

Otro hito notable: la publicación digital de Al Qaeda dirigida al mundo angloparlante se llama Inspire. Polisemia mediante, se comprende que se alude a la inspiración divina, pero también a la inspiración que su difusión puede suscitar en “lobos solitarios” más o menos seducidos por la ideología jihadista. Por caso, uno de sus más célebres números instruye sobre “cómo fabricar una bomba en la cocina de tu mamá”[13].

Este proceder se dirige específicamente al reclutamiento de jóvenes occidentales –musulmanes o no- desencantados de los “valores” propios de sus sociedades. Excluidos de las diversas variantes del “sueño americano” y la propaganda consumista, que prometen una vida hedonista cada vez más lejana. En una interesante operación sincrética, la violencia extrema gráfica se liga a la promesa de redención contenida en la propaganda jihadista, que invita a abandonar esos valores mustios e hipócritas a partir de la recurrencia al absoluto, a la devoción ferviente a una causa que se promete superadora de los estrechos límites de una vida pasatista y cuyo sentido corriente es el “carpe diem”.[14]

La trascendencia ha dejado de ser, hace bastante, un valor dominante en nuestras democracias. En el imaginario jihadista, no hay otro modo de ser en el mundo que la búsqueda de la trascendencia. El martirio como consagración de la trascendencia es un valor supremo en este constructo teórico-ideológico. La policía francesa no trepidó en abatir a los perpetradores del atentado en cuestión. Vale decir, los ungieron con la suprema bendición del martirio.

Miembros del Estado Islámico

Otra paradoja: la utilización del método de la “acción racional con arreglo a fines”, típica del utilitarismo occidental, sirve a la causa presuntamente “irracional y medievalista” de los jihadistas.[15]

Por otro lado, no se contextualiza ni se pretende analizar la variable consensual que demanda la construcción del Califato en las regiones fronterizas de Irak y Siria. No hace falta ser muy lúcido para advertir que la fundación de un nuevo régimen político, por más opresivo que este sea, no puede basarse tan sólo en el terror y el amedrentamiento. Basta una somera lectura de Weber para comprender esto. La “vida cotidiana” debe posibilitarse a poco de comenzado a andar el engendro en cuestión.

No son pocos los testimonios en este sentido: el Estado Islámico controla precios, protege a los pequeños comerciantes del bandidismo corriente y aplica su interpretación de la sharía contra ladrones, violadores, mujeres adúlteras, homosexuales, etc. Por no mencionar la capacidad que observa este grupo en particular para explorar, producir y refinar y comerciar petróleo en los yacimientos iraquíes. Quien requiera una proyección del “modelo” al que apuntan los jihadistas debería aproximarse a la vida cotidiana en la petromonarquía de Arabia Saudita Es incómodo señalarlo, toda vez que los saudíes son aliados estructurales de EE.UU. en la región. [16]

Francois Hollande liderando a los principales jefes de Estado en una marcha en contra de los atentados a la revista Charlie Hebdo

Por último, suele mostrarse a consideración del gran público la comisión de los espantosos atentados terroristas como violencia desnuda, sin sentido, animada por visiones extremistas que nada tendrían que ver con la política tal y como la entendemos nosotros. Esto nos retrotrae, necesariamente, a los señalamientos anteriormente realizados: en política, dado un determinado clivaje, operar sobre el mismo, apuntalarlo y acicatearlo es una necesidad ineludible, a fin de “llevar agua para el propio molino”.

Pues bien, ¿qué otra cosa si no una operación de sentido de este tenor están realizando con sus acciones los referidos grupos? El islamismo radical hace política en los intersticios de la exclusión material y simbólica del banquete de abundancia y libertades con que las democracias occidentales adornan su prédica. Incluso en la mismísima “ciudad de las luces”.

Final abierto

Señaladas las antinomias, cabos sueltos y paradojas, es dable tentar una conclusión con dos implicancias –por lo demás, provisorias.

En primer lugar, la globalización como tal está comenzando a observar efectos revulsivos de los cuales sus propagadores iniciales no parecen tomar nota: la utilización de las nuevas tecnologías por parte de los grupos jihadistas abreva, por un lado, en la necesaria reconsideración de la “neutralidad de la técnica”, por cuanto los mismos adelantos científico-tecnológicos de la sociedad de masas pueden ser –está visto- hábilmente utilizados por expresiones político-identitarias adversas a los “valores republicanos”, tan caros a la tradición occidental.

En este sentido, sobran indicios de que “el bárbaro/el otro/ enemigo” se ha tomado el minucioso trabajo de comprender y trabajar sobre las contradicciones propias del sistema de valores occidentales, a fin de explotarlas para su propio fin –por más deleznable y reaccionario que el mismo sea. Un ejercicio intelectual notable, que no parece ser compensado por la contraparte –Occidente. Tal parece que lanzar intervenciones bélicas “preventivas” de carácter masivo en nombre de esos valores irrenunciables es más sencillo.  Más redituable.

Por último –y por obvio que resulte- es dable apuntar que resolución de las contradicciones y antinomias planteadas en el marco del pensamiento no se ha resuelto nunca en el plano de las ideas, en el universal abstracto. Antes bien, concretización de esas ideas resuelve las contradicciones. En uno u otro sentido. El final es abierto.

[1] Tarea que no se puede acometer por diversos motivos. Los más acuciantes: 1- lo reciente del fenómeno, que impide mensurar el alcance y posibles derivaciones de hechos que se inscriben en una dinámica lo suficientemente “novedosa” como para establecer patrones comunes y regularidades factibles de ser consideradas como “norma”; 2- la necesaria adecuación a los parámetros editoriales de la publicación.

[2] La tantas veces evocada expresión de Nietszche, “Hemos matado a Dios”, constituye una imagen por demás ilustrativa de este “pecado original”.

[3] Un interesante retrato de esta doctrina militar y sus implicancias –con especial referencia al caso argentino- es tratada en el Filme “Escuadrones de la muerte. La escuela francesa”, de la realizadora Marie-Monique Robin(2003). Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=_LRGf4G1XnI

[4] A este respecto, puede consultarse una interesante reflexión y conceptualización del conflicto en general en el artículo Algunas reflexiones sobre los hechos de guerra ocurridos recientemente en París” (14/01/2015), del sociólogo y docente Mariano Millán. Publicado en su blog personal: http://marianomillan.blogspot.com.ar/2015/01/algunas-reflexiones-sobre-los-hechos-de.html

[5] El experto en la región Robert Fisk ofrece una brillante reflexión al respecto: “Argelia agrega contexto al ataque contra Charlie Hebdo” (10/01/2015) http://www.jornada.unam.mx/2015/01/10/mundo/017a1mun

[6] Discurso de Hollande del 01/01/2015, citado en http://www.elmundo.es/internacional/2015/01/15/54b756e6e2704e851c8b456b.html

[7] 10/01/2015: “Boko Haram pudo haber matado a 2000 personas en Nigeria”. http://cnnespanol.cnn.com/2015/01/10/boko-haram-pudo-haber-matado-a-2000-personas-en-nigeria/

[8] El reforzamiento en los controles de inteligencia, vigilancia masiva y militarización ha sido la repsuesta-reflejo del gobierno francés. Interesante enfoque el que plantea Josefina L. Martínez (13/01/2015): “Francia despliega…” http://www.laizquierdadiario.com/Francia-despliega-diez-mil-soldados-tras-atentados-en-Paris

[9] http://www.hrw.org/es/world-report/2014/country-chapters/121995

[10] Proceso minuciosamente descripto por Robert Fisk en su obra “La gran guerra por la civilización. La conquista de Oriente Próximo” (Ediciones Destino, 2006).

[11] En las reflexiones propuestas por el pensador esloveno Slavoj Zizek encontramos alguna referencia a este proceso,  generalmente pasado por alto en los últimos días: http://poesiaydestruccion.blogspot.com.es/2015/01/slavoj-zizek-habla-sobre-la-matanza-de.html

[12] Dos enfoques diferentes desde los cuales abordar la cuestión Al Qaeda-EI:

Notas varias al respecto: http://espacio-redo.es/el-mundo-encambio/islamismos-salafies-y-yihadies/

Rodríguez Yebra; La Nación; 18/01/2015: http://www.lanacion.com.ar/1761056-sin-titulo 

[13] La totalidad de las ediciones digitales de la publicación puede consultarse, así como otros materiales de propaganda de las distintas vertientes del islamismo radical y textos explicativos, en el sitio web http://jihadology.net/

[14] Un ejercicio sugerente: compárense las tasas de natalidad medias de los últimos 30 años en Medio Oriente y la Europa Occidental; añádanse las consideraciones esbozadas.

[15] El experto británico en terrorismo, Paul Rogers, aborda este punto en particular en una entrevista con Página/12 (19/01/2015) http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-264237-2015-01-19.html

[16]  Un interesante y documentado trabajo sobre la Sharía y sus múltiples interpretaciones doctrinarias puede consultarse en el sitio del Council on Foreign  Relations: Toni Johnson; Mohammed Aly Sergie. Islam: governing under Sharía. 25/07/2014.  http://www.cfr.org/religion/islam-governing-under-sharia/p8034

En torno a los orígenes político-ideológicos de EI y su relación con Arabia Saudita, se recomienda esta entrevista al especialista Ignacio Álvarez Osorio (27/09/2014) https://www.diagonalperiodico.net/global/24019-estado-islamico-es-hijo-descarriado-del-salafismo-saudi.html

 

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