ISRAEL: DE EGIPTO A BASILEA

Por DIEGO HERNANDO GÓMEZ (Sociólogo e historiador, integrante del CAEG

Las tribus hebreas[1] tras el éxodo de Egipto hacia 1250 ac, aproximadamente, conquistaron lo que hoy es Palestina. Rápidamente llegaron los filisteos[2] (un siglo después) y fueron poco a poco sometiendo a los hebreos, que fueron llamándose a sí mismos como israelitas (Israel: pueblo de dios). Como respuesta a la pretensión conquistadora y hegemónica filistea, los israelitas constituyeron por primera vez un reino unitario, bajo Saúl (1030 ac), que tuvo su continuidad en el gran reino judío de David y Salomón (hacia 1000 y 928 ac) que incluso incluyó territorios conquistados a los arameos[3] cerca de Damasco.

Distribución geográfica de las 12 tribus y el reino de Israel

Como entidad territorial, política y unificada, el reino de Israel existió desde aproximadamente 1030 a.C. hasta 928 a.C. e implicó la unión de todos los territorios habitados por las doce tribus de Israel,  en un área que actualmente corresponde al moderno estado de Israel, los territorios palestinos (Franja de Gaza y Cisjordania) y parte del reino de Jordania.

Más tarde el Estado fue dividido en dos: Reino del Norte (capital Samaria) y Reino del Sur (capital Jerusalén). Pero con la recuperación de las dos potencias de la región: Egipto y Asiria/Babilonia[4] se fue acabando la existencia de estos dos reinos entre 722 y 586 ac. Luego de esta derrota material  se produjo una transfiguración y una búsqueda de refugió en lo religioso. Entonces la restauración de un reino judío bajo un nuevo David, como Mesías, se convirtió en la creencia mesiánica y sionista de los antiguos judíos, sobre todo tras la destrucción del templo de Jerusalén por los romanos en el año 70 dc. Se iba consolidando la convicción de que la liberación del pueblo judío tenía que ser consecuencia de la llegada del enviado de dios, quien iba a traer la paz no solo para los judíos sino que para toda la humanidad. Esta forma de libertad iba a terminar contrastando radicalmente con la liberación política que dos milenios y medio más tarde iba a proponer el sionismo europeo.

Reinos de Israel tras su división

A la conquista de Israel por los asirios (722) y babilonios (586), le siguió el dominio del imperio persa[5] (539 ac), que trajo el fin de la sujeción babilonia y permitió la autonomía religiosa. La llegada de los persas vino aparejada de un aire de libertad para los hebreos, pues a diferencia de sus antecesores y sucesores, el imperio de Ciro II  tenía un política de tolerancia para con los pueblos conquistados. Luego, el avance de Alejando Magno (332 ac) implicó un proceso de helenización con presiones tributarias, saqueos y profanación del templo de Jerusalén. Como en la mayor parte de los territorios conquistados, el imperio heleno intento imponer la lengua y la religión griega, llegando a prohibirse el culto a Yavé.

Tras un primer momento de entendimiento con Roma (con la obtención de cierta autonomía), llegó el año 70 dc cuando los romanos conquistaron Jerusalén y destruyeron el templo. La intención de Roma era “civilizar” e incorporar de una vez por todas a los judíos a la cultura greco-romana; a modo de ejemplo,  la circuncisión era una mutilación intolerable. En ese contexto de romanización se iba a dar, más de medio siglo después, la revuelta de Bar Kojba[6] (132-135), la tercera de los judíos contra Roma, en donde Jerusalén volvió a ser destruida, pero esta vez les iba a ser prohibido a los judíos vivir en ella. El emperador Adriano recuperó el nombre, ya utilizado por historiador griego Herodoto[7], de Siria de los Filisteos (Siria e Palaistien), de donde procede la actual denominación de Palestina, con la intención de borrar registros históricos del pueblo hebreo con la región. Según el historiador romano Dión Casi, murieron cerca de 580 000 judíos, se destruyeron 50 ciudades y cientos de  aldeas fueron arrasadas. Adriano intentó romper de raíz la identidad judía, que había sido la causa de las continuas rebeliones, y para ello prohibió la Torá, el calendario judío y mandó ejecutar a numerosos rabinos y eruditos.

Destrucción del segundo templo de Jerusalén por parte de los romanos

La conquista de los árabes musulmanes a partir de 637/38 trajo aparejada la llegada de nueva población que con el tiempo acabó constituyendo la mayoría y que en conjunto se mantuvo frente a todos los demás conquistadores (frente a las diferentes cruzadas provenientes de Europa 1099/1187/1291, los mamelucos (tribus caucásicas y mongoloides que crearon un sultanato) 1291/1517 y los turcos otomanos 1517/1918).

Los Mamelucos destruyeron buena parte del desarrollo de Palestina (las tierras cultivables) con el objetivo de evitar el regreso de los temidos Francos del occidente. Luego, el descubrimiento de América y la vía marítima directa hacia la India fueron sucesos que iban a ir dejando relegada la región (también por el abandono otomano) convirtiéndola en un terreno desértico con poco desarrollo económico y escasa vida ciudadana.

Palestina fue parte de la Siria Otomana (las actuales Siria, Líbano, Israel Cisjordania, Franja de Gaza, Jordania y partes de Turquía e Irák) desde principios del siglo XVI hasta la finalización de la Primera Guerra Mundial. Durante la mayor parte del periodo los territorios del sultán gozaron de libertades de culto. Bajo la dhimmah[8] los judíos y los cristianos vivían con la protección del sultán. La “gente de la dhimmah” estaba exenta del servicio militar y del impuesto religioso, llamado azaque o zakat, pero en su lugar debía pagar un impuesto per cápita , denominado yizia, y un impuesto sobre la tierra denominado jaray.

La llegada de los franceses, con Napoleón, a Egipto (1798/99), la Guerra de Crimea (1853-56) y la consecuente penetración económica europea por medio de la creación del Canal de Suéz en 1869, eran circunstancias que iban modificando la región. Es necesario destacar la transformación que supuso para Medio Oriente, pero sobre todo para la vida de la gente común, la paulatina pero firme llegada del capitalismo. A modo de ejemplo, las obras de excavación del Canal de Suez, que se iniciaron oficialmente el 10 de abril de 1859  y finalizaron 10 años más tarde, promovidas por el francés Ferdinand de Lesseps y autorizadas por los gobernantes egipcios de la época, significaron un alto costo humano. En su momento, constituyó una de las más grandes obras de ingeniería del mundo, realizada por decenas de miles de humildes campesinos (fellahs), llevados por la fuerza desde todas las regiones de Egipto. Como al principio no se disponía de maquinaria y todo tenía que hacerse a mano y en un clima hostil, según cifras oficiales, murieron 20.000 trabajadores, pero estimaciones más realistas fijan la cifra en 125.000 fallecidos. Seis años después de su inauguración, en 1875, el Pachá de Egipto, a causa de la deuda externa del país, puso a la venta su parte de las acciones del canal y en una rápida maniobra el Primer Ministro del Reino Unido, Benjamín Disraeli, convenció a la Reina Victoria de la necesidad de comprarlas para tomar el control sobre la ruta hacia la India Británica, la colonia más rica del Reino Unido. Para dicho fin el gobierno británico logro obtener un cuantioso préstamo de parte de la Casa banquera Rothschild, y de esta manera se aseguró el dominio de la vía inter-oceánica. Iban a pasar 80 años hasta que la llegada al poder del militar panarabista y antiimperialista Gamal Abdel Nasser, en Egipto, tuviera como una de sus consecuencias la nacionalización del Canal y con ello la consecuente guerra declarada a Egipto por Gran Bretaña, Francia e Israel.

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Jerusalén a fines del siglo XIX

Antes de que de que sucedieran los primeros Pogroms, tras el asesinato del zar Nicolas II en 1881, comenzaron a llegar algunos colonos judíos a Palestina. Pero a partir de 1897, luego de la proclamación de Theodor Herzetl, de lanzarse a la conquista de Eretz Israel comenzó la consciente y decidida colonización de Palestina. Sucedía que tras un amplio rodeo histórico, que había llevado a los judíos a Europa Central y Oriental, surgía para fines del siglo XIX una ideología secular pero con fundamentos mesiánicos y religiosos que pretendía crear un Estado-Nación étnico-religioso puro. Esto se daba en medio de un contexto en el que eran perseguidos los judíos europeos, por un lado,  y en el auge del nacionalismo político que tenía como fin la creación de un Estado-Nación, por el otro.

Notas:

[1] Según la Biblia, Abraham engendró a Isaac; que a su vez fue padre de Jacob (Israel), quien tuvo diez hijos, más los dos hijos de José el soñador, forman las doce tribus. Ellos fueron todos reconocidos como descendientes de los patriarcas y formaron las doce tribus de Israel entre las que Josué repartió la Tierra Prometida, es decir, la tierra de Canaán, tras el regreso de Egipto.

[2] Considerados uno de los “pueblos del mar” de la Edad de Bronce. Tras su enfrentamiento con los egipcios se establecieron en el actual territorio de Israel, mayormente sobre la zona costera. Su origen estaría en Creta o en Asia Menor (Anatolia). Se considera que con el paso del tiempo tendieron a fusionarse con las tribus hebreas.

[3] Los arameos (también llamados siríacos) fueron un pueblo semítico nómade. Habitaron la región de las actuales SiriaIrakJordaniaLíbano y parte de Irán. Los arameos dieron unidad linguística al Oriente Próximo. Su lengua, llamada también arameo, fue las más hablada en toda esa parte del mundo

[4] Durante diferentes periodos históricos Asiria fue un imperio de la antigüedad situado en el suroeste asiático. La historia de Babilonia se divide en dos etapas principales, separadas entre sí por el período de dominación asiria; el imperio paleobabilónico o amorrita (1792 a. C.1595 a. C.) y el imperio neobabilónico o caldeo (626 a. C.539 a. C.). El imperio babilónico fue sucedido por el persa tras las conquistas de Ciro II el Grande.

[5] Las zonas que se caracterizaron por el apoyo a los persas fueron sobre todo Palestina, ya que los hebreos estaban felices de contar con un gobierno que respetara y apoyara su religión, y también la zona de Siria, especialmente las ciudades fenicias, que además de ser respetadas por los persas, estos les proporcionaron nuevos mercados por tierra y apoyaron su desarrollo naval. También regiones de Asia Central se mostraron adictas al gobierno persa ya que cuando el imperio se desmoronó allí continuaron la resistencia contra Alejandro Magno por varias décadas más.

[6] Fue la segunda gran revuelta judía en Judea y última de las grandes Guerras Judeo-Romanas. La intención de Adriano era “civilizar” e incorporar de una vez por todas a los judíos a la cultura greco-romana. Para la cultura griega y romana, la circuncisión era una mutilación intolerable.

[7] Historiador y geógrafo griego.

[8] En árabe, pacto u obligación. Norma que regulaba la relación con los pueblos no islámicos del imperio.

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