Kosovo: el patio trasero europeo de los Estados Unidos

Por DIEGO HERNANDO GÓMEZ (Sociólogo e historiador, integrante del CAEG. Originalmente publicado en El Furgón, Noticias desde Sudestada. 

La actual región de Kosovo fue parte del Imperio Romano y luego del Imperio Bizantino. En el marco de Bizancio, tribus eslavas nómades provenientes de Europa Oriental, en los siglos VI y VII d.C., fueron desplazándose y asentándose en la península balcánica. Allí comenzaron a fusionarse con poblaciones autóctonas e incorporaron la religión cristiana. En los siglos XI y XII, las formaciones políticas medievales serbias, lideradas por Stefan Nemanja[1], sumaron Kosovo a sus territorios. En junio de 1389 se enfrentaron, en Kosovo, el ejército del sultán Murad I contra las milicias de las fragmentadas noblezas serbias, resultando vencedoras las tropas otomanas. A partir de esa y otras victorias militares, el Imperio Osmanlí penetró y conquistó los Balcanes, siendo Kosovo, hasta principios del siglo XX, territorio del sultán. Los albaneses, que habitaban la región junto a los serbios, fueron adoptando la religión musulmana. Entre 1912 y1913, como consecuencia de las Guerras Balcánicas, la región pasó a formar parte del reino de Serbia y no dejó de ser territorio serbio hasta mediados de 1999 cuando, como consecuencia del ataque y penetración de la OTAN, la provincia se convirtió a ser una suerte de “protectorado” de Estados Unidos (EEUU) y la Unión Europea (UE).

Luego de la Segunda Guerra Mundial (SGM), Kosovo pasó a formar parte de la República Federativa Socialista de Yugoslavia (RFRY) y obtuvo el estatus de provincia autónoma dentro de la República de Serbia. Sí bien no a nivel de una república, gozó de un alto grado de autonomía, que incluía parlamento y tribunales propios, además haberse convertido el albanés en la lengua oficial. Sin embargo, a principios de la década de 1980 estallaron manifestaciones que tenían como objetivo convertir la provincia autónoma en la séptima república de Yugoslavia. Los problemas económicos que aquejaban a todo el país se hacían sentir más en la región, pues era uno de los lugares más pobres y atrasados de la RFSY. En ese contexto de profunda crisis económica (durante la década de 1980 fue una constante), y desaparecida la figura aglutinante y legitimadora de Josip Broz (Tito, que murió el 4 de mayo de 1980) fueron surgiendo dentro de Yugoslavia en general, y de Serbia en particular, movimientos nacionalistas. En la República de Serbia tomaron fuerza el nacionalismo hegemonista serbio, a través de la “resurrección” de la iglesia ortodoxa, la Academia de las Artes y de la Ciencias de Serbia y de Slobodan Milosevic. Este último, como tantos otros líderes de las burocracias comunistas de Europa Central y Oriental, se fue convirtiendo en un líder nacionalista que a medida que destruía lo que quedaba del régimen comunista, azuzaba el enfrentamiento nacionalista. El quite de la autonomía a Kosovo, en 1989, fue sin dudas el hecho más grave para la convivencia de los pueblos en la región.

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Ejército parta la Liberación de Kosovo

La RFSY dejó de existir a principios de la década de 1990 y, en ese contexto, el movimiento separatista albano-kosovar era liderado por Ibrahim Rugova, un intelectual y académico albanés que planteaba la independencia por medios pacíficos. Naturalmente, el gobierno de Slobodan Milosevic desoyó cualquier tipo de reclamos de autonomía y,  menos, de independencia. Pero para mediados de la década comenzó a actuar en la región el Ejército para la Liberación de Kosovo (ELK) que, a diferencia de la fuerza política liderada por el profesor Rugosa, utilizaba medios violentos para conseguir su fin. Esta organización político-militar independentista obtuvo su financiamiento desde la vecina Albania, con dinero proveniente del tráfico de armas y drogas. Los enfrentamientos entre la guerrilla del ELK y las fuerzas regulares y paramilitares del gobierno serbio fueron escalando hasta llegar a fines de 1998, año en el que el gobierno de Estados Unidos decidió intervenir en el conflicto.

Richard Holbrooke: el Cecil Rhodes contemporáneo

Sir Cecil John Rhodes fue un político, empresario y colonizador británico del siglo XIX. Fundador de la compañía De Beers (explotación y comercialización de diamantes), se hizo famoso por dirigir el proceso de colonización británico de las actuales Zambia y Zimbabue, a las que bautizó como Rodesiam en homenaje al él mismo. La figura de Rhodes reunía casi todas las características del imperialismo europeo del siglo XIX: la ligazón entre la economía, la política y los consecuentes intereses colonialistas. Por aquellos tiempos de consolidación capitalista, no era del todo necesario para la burguesía ocultar sus objetivos (al menos los que tenían que ver con Asia y África). El imperialismo conquistador se armaba y legitimaba a través del positivismo y del evolucionismo. Necesarias las colonias para el capital, sus habitantes eran caracterizados como “otros” no plausibles de poseer derechos políticos y económicos. En definitiva, las potencias imperialistas de fines del siglo XIX y principios del XX no necesitaban ocultar sus objetivos; la colocación de sus mercancías, la valorización de capital y la extracción de materias primas se hacían a la luz del día y a la vista de todos.

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Richard Holbrooke con Hilary Clinton

Richard Holbrooke fue un diplomático estadounidense de alto rango, profesor universitario, inversor financiero y funcionario de Estados Unidos. Designado por la administración de Bill Clinton, fue el encargado de llevar adelante las negociaciones de paz entre las distintas fuerzas político-militares que participaron de la guerra civil en Bosnia-Herzegovina entre 1992 y 1995. Más adelante, desde 1996 hasta 1999 -luego de dejar sus funciones oficiales en el Departamento de Estado-, aceptó el pedido del presidente estadounidense para convertirse en un enviado a los Balcanes, pero en carácter de ciudadano ordinario, mientras obtenía un puesto en la Credit Suisse First Boston. A partir de ese momento, comenzó a “trabajar” para resolver el conflicto intentando acercar a las partes: las fuerzas independentistas albano-kosovares y Belgrado. Sin embargo, para definir su accionar puede recurrirse a la metáfora del bombero piromaniaco; rápidamente comenzó a relacionarse “afectivamente” con el ELK, desestimar a la Liga Democrática de Kosovo (LDK) de Rugova y acorralar al gobierno de Slobodan Milosevic.

Holbrooke fue, seguramente, el instrumentador del cambio de caracterización que tuvo la Casa Blanca en relación al ELK. De ser considerada una organización de tipo terrorista, ligada al tráfico de armas y al narcotráfico, pasó a ser interpretada como un ejército que luchaba por la libertad del pueblo albanés. Las conversaciones y acuerdos, más o menos secretos entre el Rhodes contemporáneo y los guerrilleros albaneses, fueron consolidando una alianza de intereses que tenía como fin la separación de Kosovo del resto de Serbia.

Las diferencias entre Rhodes y Holbrooke, ambos funcionarios de gobiernos imperialistas y ligados al capital, tienen que ver con el cambio del escenario histórico; siglo y medio atrás, cuando el imperialismo como fase del capitalismo comenzó a consolidarse, las incursiones/empresas económicas no tenían que ocultar su relación con el Estado, con el poder político de turno. Los intereses de los distintos monopolios eran sustentados, defendidos y motorizados por los gobiernos de las potencias colonialistas. Pero más adelante, sobre todo luego de la Segunda Guerra Mundial, la dominación del capital imperialista comenzó a ser ocultada, y la fusión entre los monopolios y los gobiernos velada. En la actualidad sería políticamente incorrecto que Kosovo se llamara Holbrookeland o Bosnia-Herzegovina Mandato Estadounidense de Bosnia.

La prensa del establishement occidental, algún que otro libro biográfico y contadas premiaciones de organismos internacionales (aplaudidores de las incursiones imperialistas de la OTAN)  han retratado a Holbrooke como una funcionario de paz y como el enviado estadounidense que evitó la limpieza étnica del pueblo albano-kosovar.

La “Guerra Humanitaria” de Bill Clinton: los negocios de Bondsteel

Durante 1998 y principios de 1999, en Kosovo no se estaba llevando adelante una limpieza étnica y mucho menos un genocidio. Lo que allí sucedía era un enfrentamiento bélico de mediana intensidad entre las fuerzas militares y paramilitares -del gobierno de Milosevic- y los guerrilleros del ELK. Sin embargo la realidad se alteró. Con un discurso que planteaba socorrer a la población albano-kosovar, la OTAN, con envión del gobierno de Clinton, decidió atacar territorio serbio para poner a Kosovo por fuera del poder político de Belgrado. Para llevar adelante su objetivo, Estados Unidos y sus principales aliados fueron construyendo un clima proclive a la intervención armada. La figura de Milosevic fue demonizada. En los principales diarios y medios de comunicación occidentales se hablaba de limpieza étnica, de una suerte de plan sistemático para hacer desaparecer a los albaneses. Había que frenar al “Hitler de los Balcanes”, al “Carnicero serbio”. La situación puede resumirse en las significativas palabras del periodista belga Michel Collon[2]: primero llegan las mentiras y luego caen las bombas.

 

La “Guerra Humanitaria” para “salvar” a la población albano-kosovar se puso en marcha. La música orquestada por Clinton, Albright y Holbrooke fue bailada por todo Occidente, e inclusive por la Rusia de Boris Yeltsin. El 24 de marzo de 1999, la OTAN comenzó a atacar la República Federal de Yugoslavia (RFY), conformada por Serbia y Montenegro. La infraestructura fue el principal blanco de las bombas. Muy pocos de los objetivos alcanzados fueron militares. Se destruyeron refinerías, fábricas, puentes, edificios gubernamentales, etcétera. Luego de 74 días de bombardeo constante, Milosevic aceptó un cese del fuego que implicó la retirada de las tropas serbias de Kosovo y el consecuente ingreso de las Kosovo Force, es decir de los soldados de la OTAN.

El control militar, desde junio de 1999 hasta la actualidad, ha sido de la OTAN. Nunca se retiraron las Kosovo Force y en la región se construyó una inmensa base militar estadounidense, llamada Camp Bondsteel. La información sobre la cantidad de militares que sirven en la base es secreta. Diariamente, se entregan unos 600 mil galones de agua. Las tiendas de la base cuentan con más de 12 mil bienes. Cada día se lavan 1.400 cestas de ropa y se preparan 18 mil platos de comida. Allí no sólo se “alojan” soldados estadounidenses; también sirve de “refugio” a militares de decenas de países, como Polonia, República Checa, Ucrania, Turquía, Rumania y Eslovenia. Los norteamericanos eligieron un lugar poco poblado, que casi no fue bombardeado por los aviones de la OTAN y, por ende, estaba libre de uranio empobrecido. En menos de tres años, un campamento de tiendas se convirtió en un centro de mando moderno con los sistemas de supervisión y de defensa más sofisticados. Actualmente, la superficie de la base es de 360 kilómetros cuadrados.

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Base militar Camp Bondsteel

La empresa estadounidense Kellogg Brown & Root se ha encargado, desde los comienzos de la construcción de la base, de proveer todo lo que tenga que ver con la infraestructura. Subsidiaria de Halliburton[3], ha tenido experiencia como acompañante de excursiones militares estadounidenses; obtuvo un buen número de contratos durante la Guerra de Vietnam, la Guerra del Golfo y la invasión a Irak. En 1996, Brown & Root recibió un contrato para apoyar a las tropas de la OTAN como parte de la operación de la SFOR[4] en la región de los Balcanes. Este contrato se amplió para incluir también las operaciones de la KFOR en Kosovo a partir de 1999.

Wesley Clark: el invasor/inversor

Comandante Supremo de la OTAN durante el bombardeo a Yugoslavia en 1999, Wesley Clark tuvo un largo recorrido en las fuerzas armadas estadounidenses. En 1962 ingresó a la academia militar de West Point y, rápidamente, a los 25 años, comandó una compañía de infantería mecanizada en Vietnam, siendo herido por cuatro proyectiles en combate. Su desempeño en el Sudeste Asiático le hizo acreedor a la Medalla de Plata del ejército estadounidense. Al iniciarse la Guerra del Golfo Pérsico, Clark ya era general y tenía bajo su responsabilidad el Centro Nacional de Entrenamiento del Ejército de Estados Unidos. Pero sin dudas su salto a la fama, su perfomance para la “posteridad”, se debió al rol que tuvo como líder de la OTAN en Kosovo.

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Wesley Clark

Cumplida su tarea militar, Clark se retiró y pasó a formar parte del bando de los negocios. Con todo lo “ahorrado” a lo largo de sus años prestados al ejército estadounidense, adquirió la empresa Envidity Energy Inc[5] y pidió a las autoridades de Kosovo (sus amigos de parranda) la autorización para extraer carbón. Obtenido el permiso oficial para la extracción de lignito (carbón que se forma por compresión de la turba) y se convierte en un combustible líquido y gas, el general se convertía en otro Rhodes contemporáneo. Envidity Energy Inc obtuvo el derecho de explotar los recursos durante 99 años, mientras que el Gobierno de Kosovo contará con solo el 30 por ciento de las ganancias anuales de la venta de lignito. Pero, además, según el acuerdo, sólo el 5 por ciento del combustible será procesado en la región, por lo tanto en Kosovo ni siquiera se generarán muchos puestos de trabajo.

Christopher Dell: la diplomacia de los negocios

Diplomático estadounidense de alto rango, fue entre 2000 y 2001 el Jefe de Misión de Estados Unidos en Pristina, Kosovo, y luego embajador, desde el 2009 hasta el 2012. Pero rápidamente, luego de dejar su cargo diplomático, se pasó al grupo de los inversores en la región. Comenzó a formar parte de Bechtel Corporation, la compañía estadounidense más importante de la construcción e ingeniería civil. El traspaso de un hombre de Estado a uno de negocios, y viceversa, no sería de extrañar; porque es algo común dentro del régimen capitalista. El caso de Dell, como el de importantes funcionarios estadounidenses que actuaron y actúan en Kosovo, es la norma, la constante.

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Christopher Dell con Hashim Thaci

La Bechtel Corporation, con una “ayudita” de Cristopher Dell, obtuvo la concesión para construir la carretera Pristina-Tirana, que costará más de 1000 millones de euros. En este “emprendimiento” puede verse la síntesis del accionar imperialista en los países de la ex Yugoslavia: llevar adelante un estupendo negocio, pero maquillado con un supuesto desarrollo para la región. Unir cada vez más a Pristina con Tirana y alejar Serbia de Kosovo es un negocio que se oculta a través de un guión nacionalista.

Madelaine Albright: la guerrerista de los celulares

Nacida en Checoslovaquia en 1937, de padres judíos convertidos al catolicismo para escapar de la persecución, su biografía no tiene desperdicio. En 1939 huyó con su familia a Gran Bretaña escapando del nazismo. Terminada la Segunda Guerra Mundial, su padre, Josef Korbel, llegó a Belgrado para desempeñarse como embajador checoslovaco, pero en 1948, cuando el comunismo terminó de afianzarse en Checoslovaquia, pidió asilo a Estados Unidos. Allí no sólo fue recibido sino que también obtuvo una subvención de la Fundación Rockefeller para enseñar política internacional en la Universidad de Denver, donde tuvo como alumna a Condoleezza Rice (futura secretaria de Estado de la administración de George. W. Bush). Su hija, Madelaine, siempre tuvo cercanas relaciones y fluidos diálogos con los líderes del ELK, sobre todo con el actual presidente de Kosovo, Hashim Thaci. Quizás haya sido la funcionaria estadounidense de la administración Clinton más determinada a llevar a delante la intervención bélica de la OTAN en 1999. Durante los años posteriores, cuando se hicieron evidentes los daños y consecuencias que había dejado el impresionante bombardeo, Albright sostenía: “No hay nada de qué arrepentirse. Y debimos haberlo hecho antes”.

Tal vez para no perder el “contacto” con una región que le trae bueno recuerdos, es que la Secretaria de Estado del gobierno de Clinton se convirtió en la principal accionista de la empresa IPKONET, la compañía más importante de telefonía celular en Kosovo.

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Madelaine Albright

El mandato estadounidense de Kosovo 

Luego de la salida del ejército serbio de Kosovo en 1999, la región comenzó, de hecho, a ser una suerte de mandato/protectorado estadounidense, mientras que de jure intenta convertirse en un Estado soberano. La negativa a reconocer la independencia de países de gran relevancia política como Rusia, China, Irán o India, no ha hecho posible que la región legalice su situación. A imagen y semejanza de lo que ocurría con las viejas posesiones coloniales imperialistas, Kosovo rinde culto a sus mentores: los héroes estadounidenses han obtenido su “merecido” reconocimiento simbólico. La esquina más importante de la capital, Pristina, es donde se cruzan el boulevard Bill Clinton y la avenida George Bush. También hay una estatua gigante de Clinton. Y todos los edificios públicos tienen la bandera de Kosovo, la OTAN y Estados Unidos.

La “Guerra Humanitaria” llevada adelante por la administración Clinton para evitar la “limpieza étnica” de los albano-kosovares, y la posterior política de los gobiernos de Bush, Barack Obama y Donald Trump han seguido la misma lógica: consolidar una colonia estadounidense en tierras europeas en pleno siglo XXI. Las víctimas, los serbios y albaneses que viven en Kosovo, Serbia o Albania, pagan los lujos del imperialismo estadounidense. La histórica convivencia de ambos pueblos en la región ha sido alterada por intereses foráneos y el capital estadounidense ha jugado una fuerte carta en el sureste de Europa. El comunista búlgaro Georgi Dimitrov escribía en 1929 lo siguiente: “Sobre la base de un entendimiento de principio entre ellas, las potencias imperialistas mantienen una división territorial artificial e insoportable en los Balcanes. Ellos se oponen resueltamente a la liberación de los pueblos balcánicos oprimidos. Son enemigos jurados de la unidad de los pueblos balcánicos en una federación balcánica, pues no ignoran que, en la actual situación internacional y balcánica, una tal Federación sólo es posible si tiene un carácter antiimperialista, anticapitalista y antimonárquico”[6].

Mucha agua corrió bajo el puente luego de que se escribieran estas palabras. Sin embargo, la caracterización del problema, tanto como la resolución del mismo, no han perdido vigencia. La unión de los trabajadores de los oprimidos pueblos balcánicos, según quien escribe, es la única manera de romper con la opresión y explotación imperialista en la región.

Notas: 

[1] Fue el gobernador medieval serbio, gran župan de Raška, y fundador de la dinastía Nemanjić y del estado más poderoso serbio de la Edad Media.
[2] Periodista belga especializado en los conflictos de desintegración de la ex Yugoslavia y en la intervenciones de la OTAN luego de la desintegración de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas
[3] Es una corporación estadounidense que, dedicada a la prestación de servicios en los yacimientos petroleros, actualmente desempeña su labor en más de setenta países.
[4] La Fuerza de Estabilización (en inglés: Stabilisation Force, abreviada como SFOR) fue una fuerza multinacional de la OTAN desplegada en Bosnia y Herzegovina, encargada del cumplimiento de los Acuerdos de Dayton, que pusieron fin a la guerra de Bosnia.
[5] Es una compañía de energía que se dedica a la exploración y gasificación subterránea del carbón. Ofrece combustibles de transporte. Tiene su sede en Calgary, Canadá.
[6] Dimitrov, Georgi (1929) El Imperialismo en los Balcanes, en “La Federación Balcánica”.  Marxists Internet Archive, octubre de 2000

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