¿LA HISTORIA ABSOLVIÓ A FIDEL CASTRO?

 

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Por Martín Paolucci, Periodista y miembro del CAEG.

 En medio de la caída en desgracia de los gobiernos populistas latinoamericanos a los que el mismo celebró en el final de su gestión, falleció a los 90 años Fidel Castro Ruz, último gran estadista del siglo XX, principal impulsor de la Revolución Cubana y líder histórico del único país del mundo en donde la palabra “Socialismo” sigue siendo, por ahora, más verbo que sustantivo (si me perdonan el parafraseo arjoneano).

Con luces y sombras, Fidel y los milicianos de la Sierra Maestra condujeron una revolución que pasó del contradictorio nacionalismo revolucionario (popular en la región luego de la Revolución Mexicana de 1910) al duro pero empíricamente sólido marxismo-leninismo (sostenido por una Unión Soviética sin dudas imperialista).

Una revolución que pese a sus distintas arbitrariedades e injustificables atropellos, logró que un país lleno de analfabetos, enfermedades curables y cuyas ciudades y campos eran los lupanares y proveedores baratos de materias primas, se transformará en una nación que pese a una notoria obsolescencia tecnológica y pachorra productiva, continúa siendo un paraíso, si se lo compara con casi todos los injustos, contaminados, narcotizados y prostituidos paisitos de esa Latinoamérica tan violentamente dulce de la que hablaba Julio Cortázar.

Países que, eso sí, tienen “democracias” formales donde la población vota cada dos años a los candidatos que el Poder constituido les ofrece, y en donde la mayoría de ciudadanos pobres pueden disponer libremente de su miseria. Democracias a las que el narcotráfico ha corrompido hasta los huesos, en donde hay “libertad de prensa” pero se asesina periodistas como si fueran moscas, y en las que la expectativa de vida tiene niveles africanos.

 

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Cuba, con todas sus contradicciones (producto de ser conducida por una autoritaria burocracia de fragancia estalinista) sigue siendo uno de los pocos países del llamado “Tercer Mundo”, sino el único, en donde el atraso económico viene acompañado por una altísima tasa de graduados universitarios de excelencia. Universitarios que, claro está, no pueden usufructuar sus méritos en casa, cosa que si lo hacen cuando emigran. Hay varias preguntas que creo son válidas ¿Cuánto gana un ingeniero cubano en Canadá y cuánto un dominicano sin estudios secundarios en Nueva York? ¿Es Cuba el único país latinoamericano del que sus habitantes emigran con desesperación?

También es importante recordar que el modelo cubano ha sido, como era inexorable en un mundo en donde el Socialismo no logró triunfar en los países centrales, quebrado poco a poco por relaciones capitalistas de producción que han comenzado a hacer mella en sus habitantes desde la caída de la Unión Soviética en 1991.

Una isla en donde, pese a contar con sólidos lazos de solidaridad comunitaria, han regresado la prostitución, los estamentos sociales y otros vicios propios del “mundo libre”. Y pese a todo esto es importante recordar que este es un país cuyos emigrados altamente calificados gracias a la educación gratuita ( y que suelen ganar altos salarios trabajando en multinacionales en todo el mundo) pretenden comparar con Alemania o Suiza. Comparación algo injusta que ignora el contexto que rodea a la isla, la que debería ser comparada con Haití, República Dominicana o incluso con la República Argentina, un país infinitamente más rico en recursos y tecnología y pornográficamente más pobre en casi todo lo demás.

 

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 Paradójicamente, la última gran esperanza cubana radica en el Papa Francisco y el poder de la non sancta Iglesia Católica (a la que el pontífice no controla del todo) ya que todos esos países latinoamericanos aliados de Cuba que gozaron de una prospera pasada década de commodities a precio oro, en vez de realizar un verdadero socialismo, empíricamente sólido pero más humanista y democrático que el cubano, han terminado siendo ineficientes en el mejor de los casos y repugnantemente corruptos en el peor, cultores más que de un socialismo del siglo XXI, de un “socio-lismo” de toda la vida. Gobiernos que, no sólo no lograron ni un décimo de la dignidad alcanzada por la Cuba socialista, sino que encima ya se encuentran, como decimos en Argentina, con el boleto picado y rumbo colisión. Es así que ha muerto el líder de un país que, pese a todo, sigue siendo el líder moral de una región y un mundo inmorales. Es así que tal como sostenía el título de su defensa judicial de 1953 frente a los tribunales de la dictadura de Batista “La historia me absolverá”, la historia lo absolvió. Siempre que miremos las cosas en perspectiva y comparando con lo que hay que comparar. A los que no absolvió fue a quienes, cómo decía el presidente argentino Raúl Alfonsín, no supieron, no pudieron, o no quisieron, copiar lo mejor de su proyecto en una región que sigue siendo la más desigual de todo el planeta tierra.

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