PRACTICAS DEMOCRÁTICAS EN RUSIA: El caso del Oblast de Pskov

 

Por  Gastón Rieder (Politólogo y colaborador del CAEG).

 

Este trabajo se propone realizar un análisis de la variedad de prácticas democráticas y autoritarias al interior de la Federación Rusa a partir del marco teórico elaborado por Steven Levitsky y Lucan Way en su obra “Competitive Authoritarianism: Hybrid Regimes after the Cold War” (2010). Puntualmente, se tomará el caso del Óblast[1] de Pskov. En primer lugar, contextualizaré y explicaré el marco teórico elegido. En segundo lugar, ahondaré en cómo los autores han abordado el caso ruso. En tercer y último lugar, analizaré la región seleccionada, buscando establecer los contrastes con lo teorizado a nivel nacional. Para tal fin, me valgo del Índice de Democratización[2] elaborado por el  “Independent Institute for Social Policy”.

Sin lugar a dudas, el colapso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1991 ha constituido uno de los eventos más significativos del último siglo, no sólo porque implicó el fin de la así llamada Guerra Fría y el orden bipolar sino también por los efectos que esto tuvo para la potencia comunista misma; la URSS se dividió en 9 nuevos países, entre los cuales Rusia se destaca por ser su sucesora oficial. A partir de entonces, estos nuevos Estados emprendieron procesos de transición desde sus gobiernos autoritarios previos. Ciertamente, este fenómeno ha generado un vasto cuerpo de literatura académica sobre el tema, donde se destaca la obra seleccionada aquí, de Levitsky y Way (2010). Estos autores estudian la proliferación de regímenes “híbridos” en los Estados ex-soviéticos, entre otros, y elaboran el concepto de “autoritarismo competitivo” para dar cuenta de ello. Ahora bien, ¿qué se quiere decir entonces cuando se caracteriza a un país como autoritarismo competitivo? Se quiere decir que estamos frente a un régimen en donde las instituciones democráticas existen, y de hecho constituyen el principal medio para hacerse del poder, pero donde, sin embargo, el oficialismo hace abuso del aparato estatal para tener una ventaja frente a la oposición. En pocas palabras, “competition is real but unfair” (Levitsky & Way, 2010: 5). Así pues, los autores identifican tres factores que dan cuenta de las trayectorias de estos países, es decir, si desembocaron en autoritarismos competitivos estables, en inestables o, en su defecto, en democracias plenas. El primero de estos factores es el leverage, el cual “refers not to the exercise of external pressure, per se, but rather to a country’s vulnerability to such pressure” (Levitsky & Way, 2010: 41). De esta manera, se hace alusión a si un país es lo suficientemente autónomo como para ignorar susodicha presión o si, por el contrario, debe sucumbir ante ella y modificar sus acciones ya que el balance de poder internacional no le favorece. El segundo es el linkage, idea que hace referencia a las múltiples redes de interconexión que estos países puedan tener, ya sea en el ámbito social, económico o político, con los varios países occidentales y/o las instituciones multilaterales lideradas por ellos. En último lugar, Levitsky y Way hacen hincapié en el poder organizacional. En este sentido, lo que los autores dirán es que la estabilidad autoritaria no sólo estará garantizada por la falta de cohesión de las fuerzas opositoras sino también por la cohesión presente en aquellos que sí estén en el poder. En sus propias palabras, “where state and/or governing party structures were well organized and cohesive, autocrats often thwarted serious opposition challenge” (Levitsky & Way, 2010: 55). Como último comentario, mínimamente para los casos soviéticos, los autores no consideran ni los cambios en el diseño institucional hacia formatos “súper-presidenciales” ni los actores de la sociedad civil como variables significativas que hayan influido en la trayectoria de los países de la región.

Yendo al caso de Rusia en particular, Levitsky y Way (2010) periodizarán la evolución de su régimen autoritario a partir de las dos presidencias que el país ha tenido desde su formación en 1991 hasta el 2008. Para comenzar, entonces, los autores argumentan que bajo la primera de éstas, la de Yeltsin de 1991 a 1999,  tanto el linkage como el leverage fueron bajos; los vínculos con Occidente eran escasos, y la relevancia militar y económica del país lo hacía inmune a presiones internacionales. Sin embargo, la falta de alcance y cohesión partidaria de quienes estaban en el poder implicó un régimen mucho más competitivo y abierto que el deseado, un “feckless pluralism” (Carothers, 2002) en donde la coalición gobernante sufría defección de élites, los desafíos del poder legislativo al poder ejecutivo eran constantes y “regional leaders ignored central directives, gained de facto control over natural resources in their territories, and dictated policy in areas that were oficially the realm of the central government (e.g., citizenship, tax collection, and privatization)” (Levistky & Way, 2010: 188-189). De esta modo, estamos frente a un autoritarismo competitivo altamente inestable; de hecho, según los autores, la supervivencia de Yeltsin se debió en última instancia más a una oposición divida y a la manipulación electoral que a un control efectivo de su parte sobre el aparato estatal. Sin embargo, a partir de la llegada de Putin al poder a fines de 1999, el régimen se consolidó y pasó a considerarse con certeza un autoritarismo competitivo estable. En efecto, capaz de ignorar a Occidente gracias al crecimiento económico y el aumento de precio de las commodities, el nuevo presidente construyó un partido fuerte, Rusia Unida, debilitó a la oposición, reafirmó el control estatal sobre los recursos naturales clave y debilitó los centros regionales de poder en un proceso de fuerte centralización. En palabras de los autores, “in a context of very low leverage and a weak opposition, he met virtually no resistance as he eliminated the last vestiges of democracy” (Levitsky & Way, 2010: 200).

Ahora bien, como sabemos, Rusia está muy lejos de constituir un país homogéneo; todo lo contrario, pues está atravesado por fuertes diferencias étnicas, socioeconómicas y religiosas. No obstante esta evidente diversidad, el planteo de Levitsky y Way nos lleva a pensar que, a nivel político, toda la federación cuenta con un régimen autoritario competitivo consolidado, que todas las regiones del país por igual han sido víctimas de la centralización impuesta por Putin y que, por lo tanto, no hay democracia efectiva a lo largo y ancho del país. Me gustaría diferir de este planteo y argumentar que esto no es así. Si bien estoy en gran parte de acuerdo con que Rusia es un autoritarismo competitivo y que su desarrollo como potencia regional le ha permitido hacerle frente a las presiones occidentales de democratización, creo que éste es un análisis exclusivamente a nivel nacional y, en consecuencia, no da cuenta de la plétora de prácticas democráticas presentes regionalmente que, como me propongo explicar más adelante, sí son causa del linkage y leverage de la Unión Europea ausente a los ojos de los autores. A mi juicio, el Óblast de Pskov ejemplifica esta situación de manera exitosa y es por esto que lo he seleccionado como caso de estudio. En efecto, si Rusia se ha consolidado como un autoritarismo competitivo y centralizador, ¿cómo se explica que el puntaje obtenido por el Óblast de Pskov en el índice de democratización del IISP haya aumentado de un 27 (promedio 1991-2001) a un 34 para el período 2000-2004?

2 Una vista de la ciudad de Pskov, centro adminstrativo del Óblast homónimo.

Para responder esta pregunta, es menester recordar que la Rusia bajo Yeltsin era un país altamente descentralizado que, por consiguiente, dio lugar a variadas prácticas de gobierno en los distintos sujetos federales del territorio; en otras palabras, había regiones tanto autoritarias como democráticas. Esto no sólo era resultado de la debilidad del aparato estatal ruso del momento sino que, de hecho, la constitución de 1993 formalmente reconocía la separación entre autogobierno local y poder estatal (Const., 1993, art. 12). A su vez, si bien altamente aislado con respecto al resto del viejo continente, no deja de ser cierto que Rusia sí entró en 1996 al Consejo de Europa. Como consecuencia de su membrecía en esta organización multilateral, Rusia fue recipiente de ayuda económica bajo el programa de Asistencia Técnica a la Comunidad de Estados Independientes (TACIS, por su sigla en inglés), una iniciativa de la Unión Europea para apoyar las transiciones hacia economías de mercado en el bloque soviético. Por supuesto, este programa no se distribuyó en todo el territorio homogéneamente sino que se concentró en ciertas regiones particulares, entre las cuales Pskov no se encontraba: “until the end of the 1990s, the Oblast was a blank spot on the map of projects funded by the EU TACIS Programme or by other international donors” (Roll et al, 2001: 19). Una de las regiones más pobres en términos económicos del país, este aislamiento internacional también hallaba su correlato en el tipo de gobierno presente en el Óblast. En efecto, podemos caracterizar a Pskov como un autoritarismo competitivo, como bien lo confirma su bajo puntaje de 27 en el Índice de Democratización. Desde 1996 a 2004, el gobernador de la región, Yevgeny Mikhaylov, miembro primero del Partido Liberal Demócrata de Rusia y, a partir de 1999, del incipiente partido de Putin, Unidad (en 2001 pasó a llamarse Rusia Unida), buscó consolidar su poder a partir de la monopolización de los ingresos del Óblast y el control de los medios regionales, si bien la falta de disciplina a causa de la debilidad del aparato estatal y de una fuerte organización partidaria le implicó una asamblea legislativa constantemente hostil (Slider, 1999). Para las elecciones del 2000, “several appeals were lodged to the regional courts contesting the electoral results. These appeals were mainly directed against the conduct of the electoral staff of Mikhailov, but none of the complaints led to the annulment of the elections” (Saikkonen, 2015: 18). De aquí se desprende que efectivamente estamos frente a un régimen autoritario competitivo en el Óblast de Pskov; las elecciones se llevan a cabo pero la competencia difícilmente pueda considerarse justa. Asimismo, no hay garantías de que la elección se lleve a cabo procedimentalmente y de manera limpia.

Sin embargo, esta situación empezó a cambiar rápidamente a partir del avance de las negociaciones para acceder a la UE por parte de Estonia y Letonia (ambos países se convirtieron en miembros plenos en 2004). Una vez que este proceso se efectuó, las dos naciones bálticas pasaron a ser parte de la frontera de la UE con Rusia y, en tanto el Óblast de Pskov es la región que limita con ellas, ésta devino prioridad para la organización multilateral. En efecto, a partir de fines de la década de 1990 en adelante, estamos frente a una proliferación de proyectos de asistencia económica y cooperación, notamente en el marco de los programas TACIS y CBC (Cross-border cooperation, o cooperación transfronteriza en español) en Pskov. De este modo, vemos, por ejemplo, el desarrollo de la Euroregión Pskov-Livonia[3], que ha buscado agilizar procesos de visa, mejorar las vías de transporte a lo largo de la zona, y crear convenios entre los emprendedores de los tres países (Estonia, Letonia, y Rusia)[4]. A su vez, se destaca el efecto que esto ha tenido en el intercambio de bienes y servicios con los Estados bálticos; en este sentido, el caso de Estonia es particularmente notable, pues el comercio del Óblast con este país aumentó en un 229% del 2003 al 2004[5]. Asimismo, las inversiones extranjeras directas crecieron en un 189%[6]. Por último, esto ha desembocado en un mayor protagonismo por parte de las ONGs locales, que ahora son consultadas con mayor frecuencia y actúan como enlace entre las élites gobernantes del Óblast y los líderes de los proyectos de ayuda occidental (Roll et al, 2001).

Ahora bien, ¿de qué manera este desarrollo ha redundado en una mejora de la calidad democrática del Óblast? En mi opinión, es claro que el involucramiento de la UE da cuenta en gran parte de la democratización de éste último. En efecto, es sólo a partir de que se establece el potencial de cooperación internacional entre Pskov y los dos países bálticos ya mencionados que se busca disminuir las prácticas autoritarias anteriormente prevalecientes; los beneficios económicos y la cooperación internacional redundaron en un deseo de presentar al Óblast como un espacio abierto a los negocios y libre de abusos del aparato estatal por parte de los gobernantes. De este modo, se puede entender el aumento de 7 puntos de Pskov en el índice de democratización. Así, en un contexto de consolidación del régimen autoritario competitivo a nivel nacional, el Óblast de Pskov fue uno de sólo tres sujetos federales en votar a un gobernador que no pertenecía al partido de Putin, RU[7]. A su vez, el nuevo gobernador Mikhail Kuznetsov (2004-2009) reafirmó el reconocimiento de que las prácticas democráticas eran el camino a seguir si el objetivo era asegurar el desarrollo económico de su región; en sus propias palabras, “this is why the creation of an image of a civlized oblast with working laws is my key goal”[8]. En resumen, el linkage y leverage de la UE han estado bien presentes en la trayectoria democrática de Pskov y, en mi opinión, pueden dar cuenta de ella.

En conclusión, no hay dudas de que hoy en día Rusia constituye un régimen autoritario competitivo estable. En este sentido, creo que el análisis de Levitsky y Way (2010) es más que satisfactorio para dar cuenta de la trayectoria que el país ha atravesado desde su formación en 1991 y a partir de la presidencia de Putin en 1999. Ciertamente, un aumento de poder organizacional de parte del oficialismo, sumado a la capacidad de ignorar a los actores internacionales occidentales y la falta de vínculos con ellos, ha desembocado previsiblemente en un autoritarismo competitivo. No obstante, lo que este Trabajo Práctico ha buscado demostrar es que, si bien este planteo es válido a nivel nacional, los diferentes sujetos federales de Rusia presentan una variación mucho más compleja con respecto a sus prácticas tanto democráticas como autoritarias. En este sentido, la Unión Europea y sus múltiples programas de ayuda y cooperación sí han actuado como promotores de la democratización en numerosas regiones al interior de la federación. Espero que mi argumento de que el Óblast de Pskov se haya caracterizado como un autoritarismo competitivo hasta que la Unión Europea empezó a hacer sentir su presencia a través de iniciativas tales como el TACIS y el desarrollo de la Euroregión Pskov-Livonia mismo en un contexto de centralización y fortalecimiento del Kremlin sea suficiente para demostrar este punto. Por supuesto, queda por ver si el enfriamiento de las relaciones entre Rusia y la UE a partir de la anexión de Crimea (región de Ucrania) por la primera redundará en una disminución de la cooperación a nivel subnacional y, en consecuencia, en un debilitamiento del potencial democratizador tanto en el Óblast aquí tratado como en otras regiones del país eslavo.

Bibliografía

  • Gel’man, V. & Lankina, T. (2008). Authoritarian Versus Democratic Diffusions: Explaining Institutional Choices in Russia’s Local Government. Post-Soviet Affairs, 24(1), 40-62.
  • Levitsky, S. & Way, L. (2010). Competitive authoritarianism. Cambridge: Cambridge University Press.
  • Roll, G., Maximova, T. & Mikenberg, E. (2001) The external relations of the Pskov region of the Russian Federation. Schleswig-Holsteinisches Institut für Friedenswissenschaften -SCHIFF- an der Universität Kiel.
  • Saikkonen, I. (2015). Variation in subnational electoral authoritarianism: evidence from the Russian Federation. Democratization, 23(3), 437-458.
  • Thomas Carothers, ‘The End of the Transition Paradigm’, Journal of Democracy, Vol. 13, No. 1 (2002), pp.11 – 14.

Fuentes

Citas:

[1] Un Óblast es una entidad subnacional  generalmente análoga al concepto de “provincia”.  En total, de los 89 sujetos federales en Rusia, 46 son Óblasts.

[2] El Índice de Democratización es un índice elaborado por el “Independent Institute of Social Policy” que califica el rendimiento democrático de los 89 sujetos federales de la Federación Rusa. Para tal fin, evalúa 10 criterios (transparencia, calidad de democracia electoral, pluralismo político, medios independientes, liberalización económica, presencia de la sociedad civil, calidad del sistema político, rotación de élites, grado de corrupción, autonomía del gobierno local) otorgándole un puntaje del 1 al 5 a cada uno. Una vez sumados los 10 criterios, el puntaje final expresa un máximo de democratización en 50 y un mínimo de democratización en 10. Se puede acceder vía http://atlas.socpol.ru/indexes/index_democr.shtml.

[3] Una Eurorregión es una forma de estructura para la cooperación transfronteriza entre dos o más países europeos. Sus competencias están frecuentemente limitadas al gobierno local y regional.

[4] Información disponible en  http://www.pskov-livonia.net/new/index.php/en/.

[5] http://pln-pskov.ru/arhiv/pragmatika/22290.html

[6] Ibid.

[7] https://jamestown.org/program/kremlin-loses-last-popular-elections-for-russian-governors/

[8] “Interv’yu s gubernatorom,” Sitio web official de la adminstración del Óblast de Pskov, 1 de Noviembre de 2005, http://www.pskov.ru/ru/interview/governor/26.

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