STUDIA CROATICA: el nacionalismo católico croata, anticomunista y antiserbio instalado en la Argentina

    Por DIEGO HERNANDO GÓMEZ (Sociólogo e historiador, integrante del CAEG)

Ejemplar de Studia Croatica

Los procesos migratorios del sudeste europeo hacia la Argentina han constituido un fenómeno casi permanente desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX. Sin tener el peso numérico de la migración española e italiana, no deja de ser relevante la cantidad de personas que han llegado del extremo sudoriental de Europa. Cientos de miles de inmigrantes se han desplazado desde la península balcánica hacia la Argentina, siendo la migración croata la más significativa en términos cuantitativos. Argentina, luego de Bosnia-Herzegovina y Chile, es el país que cuenta con más descendientes de croatas en todo el mundo, superando los 250.000.

Se distinguen tres grandes migraciones croatas a suelo argentino. La primera, comienza en las postrimerías del siglo XIX y finaliza a comienzos de la Primera Guerra Mundial. La segunda se ubica durante el periodo de entreguerras del siglo pasado. Y la tercera, comienza luego de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, específicamente desde 1947, hasta los primeros años de la década de 1950. Las dos primeras olas migratorias se debieron a motivos de índole económica, mientras que la tercera, objeto de estudio del presente trabajo, tuvo características esencialmente, políticas.

Los croatas de la tercera ola habían llegado a la Argentina como consecuencia de la creación y rápida consolidación, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, de la República Federal Popular de Yugoslavia. Esta singular migración política tenía entre sus principales integrantes a destacados miembros del extinto Estado Independiente Croata, en serbo-croata o croata-serbio Nezavisna Država Hrvatska (NDH), quienes, luego de escapar de las fuerzas partisanas a mediados de 1945, iban llegando e instalándose en la Argentina hasta principios de la década de 1950. Antagónicos a la ideología comunista, creaban en 1960 el Instituto Croata Latinoamericano de Cultura de Buenos Aires (ICL), la institución más importante, en términos cuantitativos y cualitativos, en donde se agrupaba este grupo migratorio.

El mismo año de su fundación, la dirigencia del ICL, decidía comenzar a editar una revista-libro denominada Studia Croatica. Esta publicación era el medio por el cual se pretendía, explicitado permanentemente por la línea editorial, a corto y mediano plazo, informar al público iberoamericano acerca de la situación que atravesaba Croacia en particular y Yugoslavia en general bajo el régimen comunista. A largo plazo, el fin era el de generar, en la migración croata latinoamericana, estados de conciencia proclives a conformar un programa político en pos de la “recuperación” de Croacia.

El presente trabajo se propone como objetivo: ubicar y analizar cuáles han sido las razones (políticas, ideológicas y culturales) que legitimaban y hacían indispensable, según el ICL, la independencia de Croacia del estado socialista yugoslavo. Además, se busca hallar cuales eran los cimientos a partir de los cuales se iba construyendo el “mito” del regreso. Para dicho fin se toma como fuente principal todas las publicaciones editadas de Studia Croatica, desde su fundación, en 1960, hasta 1995, año en que por medio de los Acuerdos de Dayton, se ponía fin a la guerra que acababa con la República Federativa Socialista de Yugoslavia luego de casi 50 años de existencia. La revista, editada por ICL, es elegida como fuente principal porque se la considera la “voz” de la tercera ola migratoria. En todos sus números puede apreciarse con facilidad la línea político-ideológica que, además de denunciar permanentemente al comunismo yugoslavo, plantea la necesidad de un estado croata autónomo y alejado de la hegemonía serbia.

Bandera del Estado Independiente Croata 1941-1945

 

El ICL y su postura acerca de la incompatibilidad de las civilizaciones. La civilización cristiano-católica, occidental y burguesa, por un lado; y la civilización cristiano-ortodoxa, oriental y comunista por el otro:

Desde su primer número, en 1960, hasta fines de 1995 (volumen 129) se repiten los motivos por los cuales la nación croata debía vivir al margen del régimen comunista yugoslavo y de cualquier tipo de hegemonía política, cultural e ideológica serbia. Para el ICL la incompatibilidad de la nación croata con la serbia se debía a la diferencia cultural existente entre dos tipos de civilizaciones. La civilización europea occidental, para Studia Croatica, se terminaba allí, en donde comenzaba la civilización oriental, allí en donde siglos atrás se producía el cisma, la separación de la iglesia cristiana en dos unidades políticas diferenciadas; Bizancio de un lado y Roma del otro. El rio Drina, que partía al medio a la ex Yugoslavia, era la frontera entre el este y el oeste. De un lado la nación serbia y del otro la croata. El Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, luego de la finalización de la Primera Guerra Mundial, y luego, 27 años más tarde, la República Socialista de Yugoslavia eran experimentos políticos que no habían respetado las diferencias culturales, políticas y religiosas que el ICL consideraba insalvables.

En la editorial del primer número de Studia Croatica se escribía acerca de la incompatibilidad que existía entre la nación croata por un lado y, el régimen comunista y la nación serbia por el otro:

Tan pronto ocuparon los comunistas a Croacia, empezaron una acción exterminadora de todas las tradiciones arraigadas, de todas las vinculaciones espirituales con el mundo occidental, imponiendo no solamente nuevas instituciones, opuestas al espíritu croata, sino una nueva mentalidad. Esta presión pudo concretarse en forma violenta a causa de las siniestras circunstancias que forzaron a los croatas, en virtud de los tratados de paz de 1919, a vivir en el Estado plurinacional yugoeslavo, heterogéneo v antagónico en cuanto a cultura, política y credo religioso, bajo la hegemonía de la Servia balcánica, país éste donde incluso actualmente predominan las tradiciones e influencias bizantinas y rusas[1].

Para Studia Croatica la frontera oriental bosníaca marcaba el fin de la civilización europea occidental. Al oeste del rio Drina se encontraba el territorio croata, y al este el serbio. El asesinato, en junio de 1914, del heredero al trono austrohúngaro el archiduque Francisco Fernando era observado como un indicador que marcaba el choque de civilizaciones. Bosnia-Herzegovina era considerada parte integrante de Croacia y por lo tanto, territorio que occidente debía recuperar:

“… sobre la situación prevaleciente en la efervescente frontera oriental de nuestra sociedad occidental, en esa tierra caliente donde en 1914 en Sarajevo, capital de las provincias croatas Bosnia y Herzegovina, fue disparado, el primer tiro de la primera guerra mundial, por los terroristas servios que atentaron contra la vida del heredero del trono austro- húngaro y dieron motivo inmediato a la guerra fratricida (1914-18), que todavía no puede considerarse terminada hasta tanto no reine una verdadera paz, cuando todos los pueblos y todos los hombres tengan asegurada la vida en libertad, dignidad y justicia”[2].

 

            Yugoslavia caracterizada como un mini-imperio que colonizaba y oprimía a las naciones no serbias:

La revista observaba que en los países de Europa Central-Oriental, en donde el régimen de gobierno era comunista, la nación más poderosa lograba imponer su hegemonía sobre el resto de los pueblos. Sostenía que en estos países se creaban o se radicalizaban diferencias preexistentes en la estructura social. En función de sustentar esta hipótesis se enunciaba que, durante el régimen comunista el porcentaje de serbios en los puestos de la administración pública era sensiblemente mayor al porcentaje de los serbios que habitaban Yugoslavia. Para la revista, la nacionalidad serbia se había fusionado con la ideología comunista conformando una fuerza política opresora de la nacionalidad croata en particular y del resto de las nacionalidades de Yugoslavia en general. Además, se observaba absolutamente inviable la existencia de estados multinacionales; artificiales, solo podían subsistir por medio de la fuerza:

No hay ninguna duda de que Yugoslavia puede mantenerse unida únicamente con el ejército de una monarquía absolutista o con un dictador a la cabeza de un movimiento totalitario. Una república yugoslava democrática y parlamentaria es casi inimaginable. Las instituciones libres, ha dicho John Stuart Mill en su Gobierno Representativo, son casi imposibles en un país compuesto de nacionalidades diferentes. En un pueblo sin el sentimiento de solidaridad, especialmente si hablan diferentes idiomas, no puede existir una opinión pública compartida tan necesaria para la acción de un gobierno representativo[3].

El ICL caracterizaba al régimen socialista yugoslavo como un estado colonialista. Era observado como una réplica, a pequeña escala, de la Unión Soviética. La revista sostenía que los países “satélites” europeos de la Rusia comunista habían sido degradados a una situación infra-colonial. Se denunciaba un escenario harto precario en la que no solo los pueblos recientemente independizados, sino aquellos que todavía eran colonias (con dependencia política y económica) pero administrados por gobiernos que respetaban los derechos fundamentales del hombre, se encontraban en una situación más favorable que las “colonias soviéticas”. La línea argumentativa sostenía que los pueblos coloniales que todavía no habían obtenido su liberación poseían dos ventajas fundamentales en comparación con las “colonias” socialistas: en primer lugar se les presentaban buenas perspectivas para conquistar, en un tiempo no muy lejano, la emancipación política, y en segundo término, podían recurrir a medios democráticos de lucha, inexistentes en los estados socialistas de Europa.

            Studia Croatica pretendía hacer notar, que si bien la opinión pública mundial occidental criticaba la política “colonial” soviética, poco se decía y sabía acerca de Yugoslavia. El objetivo de la publicación era el de publicitar las condiciones de opresión a las que, entendía, eran sometidas todas las naciones yugoslavas, excepto la serbia:

“Se trata de Yugoeslavia, conglomerado heterogéneo de naciones, donde la pequeña Servia balcánica, representando apenas la cuarta parte de la población total, sostiene una política de explotación colonial de los pueblos más ricos y más adelantados, en primer lugar Croacia y Eslovenia”[4].

En cuanto a la singularidad del socialismo yugoslavo (socialismo de autogestión, enemistado con la Unión Soviética, desde 1948 y hasta la muerte de Stalin en 1953), la publicación nacionalista croata sostenía, en su segundo número en enero de 1961, que no había sensibles diferencias entre la Yugoslavia de Tito y la Unión Soviética de Stalin. Se trataba de dos imperios que se habían distanciado debido a la existencia de intereses contrapuestos:

            “Los conflictos “ideológicos” entre Moscú y Pekin no son sino lucha por el predominio entre dos imperialismos. En el conflicto Moscú-Belgrado se trataba, entre otras cosas, del predominio en los Balcanes, desde el momento en que Belgrado pretendió atraerse, en 1947, la Bulgaria de Dimitrov[5].

            Critica al Socialismo de Autogestión:

Centro Cultural Croata Argentino, una de las primeras asociaciones creadas por los ustashas en el exilio

            Repetidamente, la revista intentaba demostrar que el socialismo de autogestión yugoslavo estaba lleno de carencias y que era tan solo una fachada que ocultaba la explotación de las nacionalidades subalternas. En la base teórica del materialismo histórico, para Tihomil Radja, autor del artículo “El modelo económico-político de la sociedad (no) democrática de autogestión”, no había, salvo una que otra acotación marginal, referencias concretas a la autogestión socialista. Por fuera de la pretensión del discurso, sostenía Radja, la autogestión yugoslava se debatía entre una economía planificada de características stalinistas y la realidad de una empresa económica y sus necesidades impostergables. Pretendida como revolucionaria, la autogestión se habría convertido en el velo de una economía planificada y sostenedora del centralismo político del régimen liderado por Tito. En ese sentido es que Studia Croatica afirmaba lo siguiente:

            “En contraste con una empresa privada, cuya función fundamental es la producción y la venta de los productos fabricados para asegurar su existencia y progreso como también el trabajo y el pan para su personal, la empresa “de autogestión” de tipo yugoslavo, seguía siendo la parte integrante de un plan global que regía también para las empresas”[6].

Para Radja, las empresas solo se dedicaban a cumplir la voluntad de los gobernantes y eran canales que posibilitaban la realización de los intereses de los mismos. Lo dramático, para Studia Croatica, era que las empresas autogestionadas eran dirigidas en forma irracional, antieconómica y al fin de cuentas, en desmedro de los intereses de los obreros de todas las naciones y nacionalidades de Yugoslavia. Además, se sostenía que introduciendo, aunque sea formalmente, la llamada autogestión obrera, los comunistas yugoslavos destruían radicalmente los predios rurales familiares, la artesanía e industria casera que habían sido y podían servir como modelo de autogestión genuina.

          Elementos fundamentales, de la nación croata, que debían servir de cimientos para alcanzar la autodeterminación política:

¿Cuáles eran las características, que además de ser incompatibles con la ideología comunista y con la nación serbia, daban a la nación croata una singularidad especial y servían de pilares para la construcción de un estado-nación independiente? Para el ICL, tanto la religión cristiana católica como la cultura centro europea eran los elementos fundamentales que determinaban que Croacia debía tomar un camino distinto, un nuevo sendero que, necesariamente, tenía que dejar atrás a la República Socialista Federativa de Yugoslavia.

Desde 1960 hasta 1995 la revista no iba a escatimar esfuerzos en rescatar y reivindicar a casi todos aquellos movimientos políticos e individuos que se habían opuesto al Reino de Yugoslavia (de 1918 hasta 1929: Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos), al Movimiento Antifascista de Liberación de Yugoslavia y, por último, a la Yugoslavia socialista liderada por Josip Broz Tito. Stipen Radic, Ante Pavelic, Aloysius Stepinac y Krunoslav Draganovic eran las figuras que Studia Croatica tomaba como referentes y ejemplos a seguir en la lucha por la liberación de Croacia.

Stjepan Radic y la lucha por la independencia de Croacia durante el periodo de entreguerras (1919-1939):

Stjepan Radic, líder del nacionalismo croata moderado

El ICL consideraba que la declaración de Corfú, que había dado lugar al surgimiento del reino yugoslavo, había sido tempranamente puesta en discusión por Stjepan Radic: “…que repudiaba una unidad ahistórica y reafirmaba su propósito de buscar, por la vía de la autodeterminación popular y soberana, el destino que mejor le convenía a la nación croata, considerando su individualidad, su tradición y su cultura”.

Maja Lukac-Stier, escribía en 1994, para Studia Croatica, la reseña de un libro llamado “La Contribución de los Croatas a la Cultura Occidental”, de Dubravko Horvatic, en donde hacía notar la innegable inserción y pertenencia de la cultura croata en la cultura europea occidental. Lukac-Stier observaba que el autor se preguntaba cuál era el motivo por el que los croatas debían de estar probando constantemente su pertenencia a la civilización occidental:

“La respuesta es inmediata: porque Europa lo olvidó a partir de 1918, con el tratado de Versalles y reiteró ese culposo olvido al ceder, demasiado fácilmente, parte de sí misma después de la Segunda Guerra Mundial, abandonando a varias naciones, que históricamente la integraron, a merced del bolchevismo asiático”[7].

            Para Studia Croatica, Stipen Radic era la encarnación más lúcida y honesta de la lucha por la libertad del pueblo croata durante el periodo de entreguerras. Había, incluso, perdido su vida cuando en el mes de agosto de 1928, Punisa Racic lo había herido de muerte en el parlamento de Belgrado. El ICL, sí bien no dejaba de exponer y soslayar las inmensas cualidades de Stjpan Radic, observaba que la “estrategia pacifista”, llevada adelante por el fundador del Partido Campesino Croata, no era la indicada para que la independencia de Croacia se convirtiera en un hecho:

“Sin considerar cuán justificada era desde el punto de vista filosófico y humano la táctica pacifista de Radić, la misma estaba en una profunda contradicción con sus metas estratégicas. No logró ganar la libertad y la soberanía de Croacia. El adversario se apoyaba en la fuerza policial y de la gendarmería, y ridiculizaba la debilidad de las “bolillas de goma” de Radić, refiriéndose obviamente a las bolillas electorales”[8].

Los continuadores de Radic, los líderes del Partido Campesino Croata: Maček, Košutić y Krnjević iban a mantener la política pacifista. Según la revista, Radić tenía plena conciencia, tanto de la grandeza de los ideales como de las realizaciones trágicas y de las consecuencias de las revoluciones francesa y rusa y, por ello, deseaba realizar sus anhelos democráticos, ajustándolos a las condiciones croatas con medios pacíficos y sociales. Sin embargo, en el extenso trabajo denominado: Esteban Radic en la Historia Croata, la revista a pesar de alabar y comprender todo el derrotero político de Radic sostenía, en relación a sus continuadores en la dirección del partido que:

por su posición pacifista y su concepción del mundo, quedarán al margen de los acontecimientos históricos cuando la suerte de Europa, y también la de Croacia, se resolvía por medio de guerra y la revolución”[9]

            Ante Pavelic y el Movimiento Ustasha:

Ante Pavelic, líder del movimiento ustsha

Para la dirigencia de la tercera ola migratoria, el dramático crimen en el parlamento de Belgrado había convencido a la enorme mayoría del pueblo croata que los medios pacíficos no bastaban para lograr los derechos y libertades indispensables. Entonces, la revista observaba, como natural y necesaria, la aparición de movimientos y organizaciones radicales que no iban a desestimar, para alcanzar el fin, los medios violentos de lucha. Es este sentido es que se entendía y justificaba la creación del Movimiento Ustasha, en 1929, a tan solo un año del asesinato de Radic.

A diferencia del Partido Campesino Croata, el Movimiento Ustasha iba a hacer uso de la violencia para conseguir la independencia de la nación croata. Algunos de sus miembros se habían entrenado en el extranjero (principalmente en Italia y Hungría) con el objetivo de formar un ejército revolucionario. El líder del Movimiento Ustasha, Ante Pavelic, iba a llegar a la Argentina en 1948 y, naturalmente, se iba a transformar en la figura más importante de la migración croata de la segunda postguerra. No solo había sido miembro fundador de los ustashas, sino que también era el líder (poglavnik) y primer ministro del NDH desde su inicio, en 1941, y hasta su finalización en 1945.

Studia Croatica veía en Pavelic a un héroe, a un hombre que había dedicado su vida a la liberación de Croacia. Se sostenía que el poglavnik había sido injustamente maltratado por casi todas variables ideológico-políticas, a lo largo y ancho del globo, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial. Pero para la tercera migración croata, nucleada en el ICL, el primer ministro del NDH se había brindado, como pocos, con el fin de liberar a la nación croata:

Fue Pavelić el único contra tantos enemigos de Croacia, quién defendía los intereses políticos de su pueblo. Elegido diputado nacional por los ciudadanos de la capital croata Zagreb, en 1941 fue reconocido como jefe del Estado de Croacia, por haber sido su más decidido revolucionario y adversario de la hegemonía, la supremacía, la explotación y las injusticias que Belgrado venía imponiendo a Croacia desde 1918, fecha del primer intento de crear un Estado “yugoslavo”. Por este “crimen” fue proclamado traidor, nazifascista y criminal de guerra, teniendo que morir en el exilio tras 14 años de persecuciones. Todavía, sólo una alusión a favor de él provoca las reacciones en cadena más abominables tanto para su persona como también para su pueblo y la patria, Croacia”[10].

Aloysius Stepinac y la Iglesia Católica Croata:

Aloysius Stepinac, el cardenal de la iglesia católica croata durante el Estado Independiente de Croacia. Juzgado y condenado por el régimen de Tito. Luego, en 1998, beatificado por Juan Pablo Segundo

            En el artículo: Aloysius Stepinac, Ante Pavelic y Josip Broz (Tito), su autor Franjo Nevistic, sostenía que la alianza “coyuntural” entre el Movimiento Ustasha y el nazi-fascismo, se debía al estado precario en el que se encontraban aquellos que luchaban por la independencia croata. Studia Croatica consideraba que la alianza del movimiento liderado por Pavelic con Hitler y Mussolini era un medio, contextualmente necesario, para obtener la autodeterminación política de la nación croata.

Croacia estaba en el umbral mismo entre el mundo occidental y la voluntad férrea de Moscú de agrandar su imperio con vistas también al mar Adriático y sus orillas orientales croatas. Pavelić, hijo de un pueblo de civilización occidental, no pudo en dichas condiciones elegir a sus aliados. Ante el peligro comunista-soviético y la resurrección del poder hegemónico de Belgrado, pieza firme en los cálculos moscovitas, monolíticos en aquella época, no tuvo otra salida que luchar contra este peligro mayor”[11].

            La lógica de la revista entendía que la salvaguarda de la civilización occidental y la independencia de Croacia formaban parte de un mismo accionar político. Si Croacia se liberaba de la hegemonía serbia y del comunismo yugoslavo, el bienestar de la religión cristiana católica y la continuidad de cultura occidental iban a estar garantizados.

            La iglesia católica croata acompañaba y legitimaba al NDH durante la Segunda Guerra Mundial. Su figura más representativa, el Cardenal Aloysius Stepinac,  personificaba la defensa del culto cristiano occidental con centro en Roma, contra el culto, la cultura e ideología oriental con sedes en Moscú y Belgrado. Stepinac era caracterizado por la revista como un mártir de la fe católica y como un líder espiritual indiscutible de la nación croata:

Stepinac, pues le tocó actuar en tiempos sumamente difíciles, cuando su patria estaba humillada y pasaba por los trances más dramáticos de su vida milenaria, empeñada en una lucha sin cuartel, inevitable, por lo demás, en esta zona de choques y conflictos de civilizaciones diferentes. Tuvo que afrontar, en un breve período, varios regímenes dictatoriales: la dictadura de la monarquía servia; luego, durante la guerra, las presiones del entonces omnipotente fascismo y nacionalsocialismo y, por fin, la tiranía comunista de la postguerra”[12].

            En la primera edición de la revista, en 1960, se publicaban extractos de discursos que habían pronunciado Pío XII y Juan XXIII acerca de Stepinac. Se pretendía hacer notar el valor que había tenido para la iglesia católica el cardenal croata:

“¡Oh! Verdaderamente es una fiel reproducción del buen Divino Pastor, fiel y edificante, este Cardenal Stepinac que dio 26 años de su episcopado a su ilustre arquidiócesis, primero con una labor tenaz y muy ferviente de actividad apostólica y en los últimos años de presidio doloroso, demasiado largos, ha acumulado tal riqueza de méritos que el Padre celestial los ha derramado seguramente como gracia y bendición sobre todas las familias y todos los fieles de esa Croacia ferviente y piadosa”[13].

            Krunoslav Draganovic y el escape a la Argentina:

Krunoslav Draganovic, el enlace ustasha en el Vaticano.

 

En el año 1943 Krunoslav Draganovic se trasladaba a Roma, y desde allí, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, se iba a convertir en el “salvavidas”, en el organizador de la huida de miles de miembros del Movimiento Utasha hacia la Argentina. Actuaba como el representante de Pavelic, que se encontraba en la más plena de las clandestinidades, ante el Vaticano. Su accionar era profundamente reivindicado por el ICL, porque se observaba en él un modelo a seguir, un manual para la resistencia aún en los peores momentos.

A mediados de 1945, cuando el Movimiento Antifascista de Liberación de Yugoslavia había dominado casi en su totalidad el territorio yugoslavo, miles de ustashas escapaban hacía Austria e Italia para escapar de los partisanos. Ante la ambigua postura de los aliados occidentales (británicos sobre todo) el ICL observaba que solo el Vaticano le tendía una mano a quienes se habían enfrentado, tan bravamente, al socialismo oriental:

En ese desierto y la incomprensión total, la única esperanza fue el Vaticano y allí, el promotor de la acción de salvamento, se llamaba Draganovic. Consciente de lo que habíale pasado a su patria y a sus hermanos croatas, Draganovic hace esfuerzos sobrehumanos para prestarles ayuda. En ello cuenta con el apoyo de la Asistencia Pontificia, la Cruz Roja Internacional y varias instituciones religiosas y civiles italianas”[14].

Conclusión:

            La migración ustasha de la segunda postguerra a la Argentina fue constituyéndose como un sujeto político que tenía como objetivo final la “liberación de Croacia” y con ello, la consecuente desintegración de la Yugoslavia socialista. Desde fines de la década de 1940, hasta principios de 1995, cuando finalizaban las hostilidades en Bosnia-Herzegovina, el ICL, por medio de Studia Croatica, había llevado adelante una campaña en pos de la separación de Croacia (y también de Bosnia, que era considerada parte del territorio croata) de la República Federal Socialista de Yugoslavia.

La convivencia entre distintas naciones y nacionalidades, una búsqueda de la Yugoslavia socialista, era un imposible para la migración ustasha. La distancia cultural, la pertenencia a diferentes civilizaciones, hacían insostenible una continuidad estatal que agrupara a las naciones serbia y croata. En ese sentido puede entenderse la caracterización del socialismo como ideología oriental, que nada tenía que ver con las formas políticas en las que cuajaría la nación croata.

 

Bibliografía relevada:

Se relevaron los 129 volúmenes que publico, el ICL, desde 1960 hasta 1995.

Bibliografía citada:

Revista Studia Croatica (1960),  Editorial Studia Croatica, en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°1).

Radja, Tihomil (1961), Origen, Desarrollo y Resultado de la Autogestión Obrera en Yugoslavia,  en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°2). Buenos Aires

Mestrovic, Mate (1986), ¿Es posible la democracia en Yugoslavia?, en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°102). Buenos Aires

Nevistic, Franjo (1961), Colonialismo Soviético y Yugoslavo, en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°2). Buenos Aires

Radja, Tihomil (1972), El modelo económico-político de la sociedad (no) democrática de autogestión, en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°44-45). Buenos Aires

Martinic, Mateo (1992), Legitimidad y Significado de la Libertad Croata, en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°122-123). Buenos Aires.

Lukac-Stier, Maja (1994),  Dubravko Horvatic: The contribution of Croatians to Western Culture, en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°126-127). Buenos Aires.

Tudjman, Franjo (1988),  Esteban Radic en la Historia Croata, en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°111). Buenos Aires

Nevistic, Franjo (1980), Aloysius Steoinac, Ante Pavelic y Josip Broz (Tito),  en  Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°76-77). Buenos Aires

Bogdan, Ivo (1960), Procer, Héroe y Mártir, en  Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°76-77). Buenos Aires.

Nevistic, Franjo (1967), El Caso del Padre Draganovic, en  Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°24-27). Buenos Aires

[1] Revista Studia Croatica (1960),  Editorial Studia Croatica, en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°1).

[2] Revista Studia Croatica (1960),  Editorial Studia Croatica, en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°1).

[3] Mestrovic, Mate (1986), ¿Es posible la democracia en Yugoslavia?, en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°102). Buenos Aires

[4] Nevistic, Franjo (1961), Colonialismo Soviético y Yugoslavo, en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°2). Buenos Aires

[5] Nevistic, Franjo (1961), Colonialismo Soviético y Yugoslavo, en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°2). Buenos Aires

[6] Radja, Tihomil (1972), El modelo económico-político de la sociedad (no) democrática de autogestión, en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°44-45). Buenos Aires

[7] Lukac-Stier, Maja (1994),  Dubravko Horvatic: The contribution of Croatians to Western Culture, en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°126-127). Buenos Aires.

[8] Tudjman, Franjo (1988),  Esteban Radic en la Historia Croata, en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°111). Buenos Aires

[9] Tudjman, Franjo (1988),  Esteban Radic en la Historia Croata, en Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°111). Buenos Aires

[10] Nevistic, Franjo (1980), Aloysius Steoinac, Ante Pavelic y Josip Broz (Tito),  en  Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°76-77). Buenos Aires

[11] Nevistic, Franjo (1980), Aloysius Stepinac, Ante Pavelic y Josip Broz (Tito),  en  Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°76-77). Buenos Aires

[12] Nevistic, Franjo (1980), Aloysius Steoinac, Ante Pavelic y Josip Broz (Tito),  en  Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°76-77). Buenos Aires

[13] Bogdan, Ivo (1960), Procer, Héroe y Mártir, en  Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°76-77). Buenos Aires.

[14] Nevistic, Franjo (1967), El Caso del Padre Draganovic, en  Studia Croatica (Revista de Estudios Políticos y Culturales n°24-27). Buenos Aires

 

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