TIRANDO DEL OVILLO: LA HISTORIA NEGRA DE TURQUÍA

 

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Por Martín Paolucci, Periodista y miembro del CAEG


A pocas horas del magnicidio del Embajador ruso en Turquía, Andrei Karlov -suceso del que aún no tenemos muchos datos certeros-  una buena forma de aproximarnos a los hechos tal vez sea realizar un breve análisis del contexto histórico detrás de un crimen cuya repercusión podría generar una escalada bélica de proporciones inauditas.

Según lo difundido por fuentes del gobierno turco, el asesino de Andrei Karlov era un policía fuera de servicio que después de acribillar al Embajador juró venganza porla invasión rusa en Aleppo para luego ser abatido por agentes policiales.

Que el asesinato haya acontecido en Turquía, un país fundamental -talvez el más fundamental- en esta gran guerra que atraviesa hace años a Medio Oriente, hace que todo sea aún más patibulario.

Es importante utilizar datos históricos para comparar e indagar lo que sucede hoy en la región. Especialmente en Turquía.

Primero y principal hay que entender que no se puede comprender que es Medio Oriente si no se indaga en lo que fue tanto el dominio durante seis siglos del Imperio Otomano (antecesor de la actual República de Turquía) sobre esta parte del mundo, como la disputa que este Imperio en decadencia tuvo al final de sus días con un Imperio en ascenso, el ruso.

Imperio que en su histórico anhelo por alcanzar las aguas calientes que le permitieran a su flota comercial y militar salir de su área de influencia debía apropiarse de los puertos turcos en el Mar Mediterráneo.

Otro dato interesante es que lo que evitó la temprana destrucción del Imperio Otomano y el avance de los rusos en la región de Eurasia (muy cercana a Medio Oriente) fue el pulmón artificial que desde Occidente se le dió a los turcos y que evitó el derrumbe de este atrasado estado multinacional.

 

Durante todo el siglo XX esta situación de asistencia Occidental a una Turquía que había pasado de ser potencia regional, a ser simplemente un satélite continuó. Esta vezfrente a un nuevo enemigo: La Unión Soviética. Adversario que- más matizado- es hoy la Federación Rusa.

Más allá de la instalación de misiles “defensivos” y otras normativas legales típicas de la Guerra Fría, tanto en Turquía como en el resto de los países de la OTAN y Occidente (se cree que la Triple A formó parte), se instaló una red paramilitar denominada “Gladio”. Esta consistía en la formación de distintos grupos armados (compuestos por policías, militares, militantes fascistas y delincuentes comunes) tanto para combatir de manera ilegal a las formaciones de izquierda como para generar desestabilización a través de actos terroristas y sabotajes. Todo esto como forma de torcer la balanza de poder en cada país y evitar cualquier avance del socialismo.

El capítulo local de Gladio en Turquía fue bastante colorido debido a la condición

estratégica del país. Con un pie en Europa, otro en Medio Oriente y otro en Asia Central. Uno de estos grupos fueron los “Lobos Grises”, una banda neofascista y ultra nacionalista a la que pertenecía Ali Agka, quién en 1981, en un confuso episodio, disparó sobre Juan Pablo II y que años antes había asesinado a un periodista de izquierda. Agka es de los pocos tiradores “anónimos” que pudieron sobrevivir luego de cometer su crimen. El tirador de hoy y compatriota de Agka no tuvo la misma suerte.

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Veteranos de bandas como los “Lobos Grises” y de grupos de tareas de las dictaduras militares siguen circulando libremente en Turquía y en muchos casos continúan formando parte de las fuerzas de seguridad. Las que pese a distintos intentos de depuración, bastante tibios, nunca fueron reformadas del todo.

Si sumamos esto último a distintos sucesos como: el giro cada vez más autoritario realizado por el gobierno pro norteamericano de Recep Erdoğan (Con extraños atentados terroristas en actos opositores, entre otros hechos) los indiscutibles – pero aún no totalmente esclarecidos – lazos entre sectores de la burguesía turca y el “Estado Islámico” (al que le compran el petróleo y proveen de armamento), y el hecho de que el asesino del Embajador Karlov sea un oficial de policía fuera de servicio, hace que todo este asunto se vuelva cada vez más inquietante.

 

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