UN MUNDO LLAMADO COLOMBIA

Por GERMÁN PALKOWSKI (Politólogo e historiador, colaborador del CAEG)

Una aproximación superficial a la realidad colombiana siempre tenderá a hacer foco–hay un “imaginario popular” extendido- sobre dos o tres problemas cardinales, sobre los que mucho se comenta pero poco se indaga. El problema emerge cuando, interesadamente o no, esta imagen impregna y condiciona todo análisis político al respecto, originando así un apilamiento más o menos ordenado de prejuicios de dudosa capacidad explicativa. Lo interesante es, precisamente, que allí suceden muchas cosas.

En contraposición a lo mencionado, en las líneas que siguen se pretende dar a la temática un enfoque más amplio, buscando aportar a una comprensión más acabada del fenómeno colombiano. En este sentido, se considera que los fenómenos de superficie –particular pero no únicamente, el conflicto social armado[1]– se revelan mucho más expresivos en tanto y en cuanto se consideran los elementos estructurales.

Bandera Colombia

De lo anterior se desprenden algunas precisiones metodológicas: en primer término, si bien es siempre necesario abordar algún aspecto en particular de la realidad, al considerar que ese fragmento es parte de una totalidad, puede comprenderse mejor, precisamente, ese fragmento con referencia a esa totalidad de la que expresa, precisamente, un aspecto particular. En este sentido, es necesario precaverse de la tentación determinista y rechazar por simplista el esquema lineal “conflicto social/económicoàconflicto armado”. Antes bien, es importante sopesar la confluencia de varios aspectos de la formación económico-social colombiana en la cristalización resultante: la guerra civil como última frontera y prolongación de un conflicto económico- social.

Vale decir entonces que, al estar el conflicto social mediado por una confrontación armada de más de 50 años, ambos aspectos del fenómeno se co-determinan y la relación entre ellos es también variable, por cuanto una vez instalada una forma particular de conflictividad social extrema, esta revierte también su influencia en el problema fundante–el centro del nudo al que alude el título.

Inmediatamente, lo anterior remite a la noción de desarrollo desigual y combinado[2], por cuanto puede considerarse la historia de Colombia, la constitución de su Estado Nacional; en suma, la formación económico-social colombiana como un caso típico de esta forma particular que adquiere el desarrollo de relaciones sociales de tipo capitalista. La irrupción del “agronegocio” en su forma actual–con la soja a la cabeza- no hace más que actualizar esa disputa siempre candente, que encarnó en el pasado la explotación bananera y cafetalera intensiva, la explotación hidrocarburífera y, obviamente, los cultivos “ilícitos” ligados a la industrialización de la cocaína. Los llamados desplazamientos[3] de poblaciones campesinas son un fenómeno tan típico de la sociedad colombiana como el consumo de café, y se deben, principalmente, a los vaivenes de relaciones económicas de tipo capitalista (capital-trabajo) que se combinan con formas de explotación y propiedad de la tierra de características, muchas veces, pre- modernas. Así las cosas, la pervivencia de la pequeña parcela y distintas formas de propiedad comunal y/o pre-capitalista se convierten en un escollo para el desarrollo de un determinado proyecto económico-social que halla en la política (institucional o armada) su arena de disputa.

En este marco es que deben inscribirse las conversaciones de paz que se desarrollan entre el Estado y la insurgencia desde el año 2012 y el proceso electoral que otorgó la reelección a Juan Manuel Santos en Junio pasado. La metáfora del nudo adquiere pertinencia si consideramos a estos últimos eventos la punta del hilo.

De formas y contenidos.

Juan Manuel Santos (Unidad Nacional) obtuvo su reelección en segunda vuelta (ballotage), con un 50,95% de los votos registrados. Su contendiente, Oscar Iván Zuluaga (Centro Democrático Mano Firme Corazón Grande), obtuvo un 45%. El abstencionismo registró niveles altos: 60% en la primera vuelta; 54% en la segunda.[4] Poco dicen estos datos sin una adecuada contextualización.

Juan Manuel Santos, actual presidente de Colombia

En primer término, es necesario comentar que, llegada la instancia de ballotage, las fuerzas políticas que mantienen vínculos –reales o supuestos- con las FARC-EP y el movimiento campesino y obrero colombiano, Marcha Patriótica y Unión Patriótica, se manifestaron favorables a la reelección de Santos, invocando la necesidad de dar continuidad al proceso de paz por sobre la tradicional política de “mano dura” que propugna el uribismo “clásico”, encarnado por Zuluaga y mentado como connivente con el paramilitarismo.[5] Aún así, es menester señalar que el tiempo transcurrido antes del proceso electoral no se caracterizó por la estabilidad supuestamente inherente al “juego democrático”: una intensa espiral de huelgas, manifestaciones y bloqueos a lo largo del país signaron la etapa pre-electoral, desatando la violencia y represión estatal, el accionar paramilitar y no pocos asesinatos de referentes sociales y campesinos.[6]

En un segundo nivel de análisis, puede inferirse una fractura hacia adentro de la élite colombiana, con origen en el tratamiento del conflicto. Sin embargo, tanto el tratamiento que dio el gobierno de Santos al Paro Nacional Agrario de 2013 así como su ambivalente actitud ante el intento de destitución del alcalde progresista de Bogotá, Gustavo Petro[7] y, fundamentalmente, su desempeño pasado en el cargo del Ministerio de Defensa durante los gobiernos de Uribe[8] obturan una eventual interpretación “ideológica”, basada en valores contrapuestos entre una facción y otra. Antes bien, sus divergencias parecen ser de forma más que de contenido. En todo caso, la variante que encarna Santos se inscribe en una corriente pragmática que estima que el conflicto social armado ya resulta “demasiado caro” (sic) tanto para el Estado como para la inversión privada. Este es el origen de la dicotomía que logró polarizar a la opinión pública colombiana.[9]

Lejos de representar una novedad, este clivaje es recurrente: desde principios de la década del `80, sucesivos “acuerdos de paz” tanto con las FARC- EP como con otras fuerzas insurgentes, fueron alternándose con nuevos reanudamientos de las hostilidades. Caso testigo es la aniquilación sufrida por la Unión Patriótica (UP)[10] inmediatamente después de los Acuerdos de La Uribe (1984).

La violencia.

Lejos de la “teoría del foco” y de elucubraciones similares que insisten en externalizar las causas del conflicto social armado, una historización escueta permite echar luz sobre lo que se denomina, generalmente, “La Violencia”.

Las primeras masacres “modernas” contra campesinos se fechan en la década de 1920 y tienen como protagonistas destacados a los trabajadores bananeros, de un lado, y a la United Fruit Company estadounidense[11], del otro. La rebelión popular conocida como “Bogotazo” (1948) tras el asesinato del candidato presidencial Eliécer Gaitán, figura proveniente de un cisma en el propio esquema de poder (liberales y conservadores), es otro de los hitos destacables. Ese asesinato insigne y la posterior persecución violenta a sus partidarios sentaron las bases para una resistencia armada en el campo –aunque no solamente- a partir de la cual fueron cuajando grupos como las FARC-EP que, lejos de inventar la pólvora, se dedicaron a organizar y disciplinar a las formaciones guerrilleras y los grupos de autodefensa preexistentes, lindantes con el bandolerismo.[12]

En este sentido, es la estadística y no una elucubración teórica compleja la que nos señala que, a fin de comprender e interpretar un fenómeno de este relieve, una primera precaución debería ser evitar abordar la violencia –por indeseable– como anomalía: en el caso colombiano se trata, precisamente, de la regla y no de la excepción. Siendo así, es destacable que haya habido un solo interregno (formalmente) dictatorial en la historia de la República de Colombia. Entre 1953 y 1958 ocupó el poder una Junta al mando de Rojas Pinilla. Antes y después, todos los gobiernos fueron (formalmente) constitucionales.

Párrafo aparte merece la presencia militar estadounidense en territorio colombiano: 7 bases militares, relaciones fluidas de entrenamiento y capacitación entre el Ejército Colombiano y la OTAN, etc. Siendo la fuerza militar más poderosa del continente, el Ejército Colombiano no logra, no obstante, aniquilar a las FARC-EP que, según recurrentes  flashes informativos, estarían “diezmadas” y en retroceso hace por lo menos diez años. Este señalamiento busca abrevar, sobre todo, en la raíz social del conflicto armado; los relatos sobre el reclutamiento compulsivo bien pueden tener elementos de realidad, pero no alcanzan, es evidente, a explicar el fenómeno en su extensión.

En el plano regional, la creación en 2011 de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México, Perú) constituye un vastísimo mercado “abierto” como contracara “librecambista” del Mercosur “populista”. La misma mantiene fluidas relaciones comerciales y TLC`s firmados tanto con EE.UU como con China.[13] Esto refuerza la tesis de la necesidad de los inversores –nacionales y extranjeros- de buscar una “solución política”[14] al conflicto social armado. La frontera agroindustrial debe expandirse, ensancharse y normalizarse. Otro elemento para prestar más atención a la orientación de las políticas en concreto que a las declamaciones “ideologizadas” que las adornan.

Todos los nudos, el nudo.

Habida cuenta de lo analizado, huelga mencionar que consideramos que la violencia política no puede ser abordada como mero acontecer indeseable que “flota” sobre el territorio colombiano. Antes bien, sus causas fundantes se encuentran ancladas muy profundo en la historia de Colombia, siendo una persistencia que deviene, de esta manera, parte constitutiva de esa estructura económico-social en constante revulsión.

El conflicto social armado y su eventual solución no pueden ser, entonces, abordados desde la perspectiva de una “historia reciente”, por cuanto es parte esencial de la constitución política del estado-nación como tal. Constitución cuya fisonomía no termina de definirse con bordes claros. Nudo en el cual se entrelazan disputas superpuestas. Lejos de poder firmarse en un escritorio, el contenido de la paz en Colombia será el saldo de una relación de fuerzas siempre sujeta a variaciones; a veces, imperceptibles pero en la cual es claro quién lleva las de perder.

Es entonces que el conflicto volverá a encarnar; probablemente, en el marco de mediaciones institucionales “a tono con la época”. Pero no podrá ser eludido, soterrado, por cuanto no hay tal cosa como el fin de la Historia.

 

[1] La preferencia por el concepto “conflicto social armado” tiene una doble intencionalidad: por un lado, se considera más certera en términos descriptivos que la sola mención al “conflicto armado”. El sólo señalamiento del origen social- económico del mencionado conflicto –en definitiva, una forma particular de guerra civil que ya lleva más de cincuenta años- mediante la interposición de una palabra es, en este sentido, una elección metodológica que también es política.

[2] La discusión en torno a su pertinencia -que se pretende demostrar en el desarrollo del análisis- excede el alcance de estas líneas. Sólo comentaremos al pasar que esto no debe considerarse, en ningún caso,  una “fatalidad histórica” que explica per sé el conflicto social armado;  esto último es sólo una posibilidad entre muchas otras. Sostener lo contrario sería hacer pie en el determinismo que se pretende evitar.

[3] Con respecto a desplazamientos recientes:

http://anncol.eu/index.php/noticias/noticias-2014/8005-la-fiebre-del-petroleo-genera-desplazamiento-hacia-san-vicente-del-caguan

En torno a la población campesina en Colombia, medios tanto oficialistas como opositores coinciden en señalar deficiencias estatales a la hora de realizar registros censales adecuados:

http://congresodelospueblos.org/index.php/pueblo-en-lucha/ultimas-noticias/579-un-censo-agrario-sin-campesinos-y-con-graves-fallas-tecnicas

http://www.elespectador.com/noticias/economia/no-se-sabe-cuantos-campesinos-hay-articulo-381588

[4] Datos oficiales de la primera y segunda vuelta electoral: http://www3.registraduria.gov.co/presidente2014/preconteo/1v/99PR1/DPR9999999_L1.htm

http://www3.registraduria.gov.co/presidente2014/preconteo/2v/99PR2/DPR9999999_L1.htm

[5] Con respecto al pronunciamiento de Marcha Patriótica y Unión Patriótica, consultar: http://www.semana.com/nacion/articulo/up-marcha-patriotica-votaran-por-santos/389926-3

[6] En torno al Paro Nacional Agrario, lanzado en Agosto de 2013 y con réplicas durante todo lo que va de 2014: http://congresodelospueblos.org/index.php/pueblo-en-lucha/opinion/371-campesinos-asesinados-y-estado-de-excepcion-es-la-respuesta-estatal-al-paro-agrario

[7] Gustavo Petro, ex candidato a presidente (Polo Democrático Alternativo)  en  2010 y ex guerrillero del M-19, fundó el partido Progresistas en 2011 y alcanzó la alcaldía de Bogotá. En 2013 enfrentó una campaña destituyente que incluyó un referendo revocatorio. A la fecha, la cuestión no se ha saldado, interviniendo distintas instancias del Poder Judicial colombiano así como también la Corte Internacional de Derechos Humanos (CIDH). Al respecto, puede consultarse la cobertura de diversos medios periodísticos colombianos: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-13868336 http://www.semana.com/nacion/articulo/caso-petro-el-teatro-del-absurdo/384857-3

[8] Santos fue Ministro de Defensa del gobierno de Uribe entre 2006 y 2009, siendo nominado candidato a la Presidencia por esa fuerza política en 2010. Sobre los dos mandatos de Uribe pesan centenares de acusaciones, denuncias penales internacionales e investigaciones relacionadas con ejecuciones extrajudiciales, “falsos positivos”, desapariciones y otras violaciones a los DD. HH.

Fuentes de consulta:

http://colectivosurcacarica.files.wordpress.com/2013/11/cricc81menes-contra-la-humanidad-en-colombia-elementos-para-implicar-al-ex-presidente-acc81lvaro-uribe.pdf

http://www.cronicon.net/paginas/edicanter/ediciones41/nota17.htm

[9] Muy ilustrativas al respecto resultan las siguientes notas, entre las que se destaca el análisis del columnista argentino Carlos Pagni:

http://internacional.elpais.com/internacional/2014/08/11/actualidad/1407789860_819728.html

http://internacional.elpais.com/internacional/2014/08/29/actualidad/1409339461_166661.html

[10]A partir de los Acuerdos de La Uribe en 1984 el grupo insurgente aceptó los términos de participación política dentro de los marcos de legalidad y dio origen, junto a un conjunto amplio de expresiones políticas de izquierda y de centro-izquierda, a la Unión Patriótica. Para 1986 había obtenido 5 senadores, 9 representantes, 14 diputados, 351 concejales y 23 alcaldes. El saldo: entre 1984 y 2010 se han registrado no menos de 20000 muertos y desaparecidos, vinculados directa o indirectamente con la UP y su activismo legal. En las últimas elecciones y con las conversaciones de paz como telón de fondo, la UP fue nuevamente habilitada para participar en el proceso electoral.

En relación con lo antedicho, se pueden consultar las siguientes fuentes:

http://www.desaparecidos.org/colombia/fmcepeda/genocidio-up/cepeda.html

http://www.eltiempo.com/Multimedia/infografia/dialogosdepaz/#2012

[11] Con respecto a la industria bananera y su desarrollo, consultar: http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/revistas/credencial/junio2011/industria-bananera-agudelo

[12] Al respecto es de suma utilidad la lectura de la biografía de Manuel “Tirofijo” Marulanda Vélez, líder histórico de las FARC-EP, fallecido en 2008. “Manuel Marulanda: Tirofijo. Colombia: 40 años de lucha guerrillera”, de Arturo Álape. Ed. Txalaparta, 2000.

[13] El reciente recambio de gobierno en Paraguay y sus problemas internos con el ( supuesto) Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) revisten la novedad de ejercicios militares conjuntos entre EE.UU, Colombia y el ejército regular de Paraguay, con participación de agentes del Mossad:

http://ea.com.py/v2/paraguay-profundiza-relaciones-carnales-con-ee-uu-colombia-e-israel/

[14] Al respecto, resulta ilustrativo este análisis de la posición de un alto mando militar colombiano en torno a la dicotomía “victoria o solución política”:

http://anncol.eu/index.php/opinion/2012-09-09-22-19-25/8007-colombia-victoria-o-solucion-politica

 

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